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Capítulo 959:
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Caden soltó a Alicia.
Hank entró y dijo: «Sr. Ward, sus papeles de alta están listos».
En la esquina, Alicia se arregló apresuradamente el pelo y se alisó la ropa.
Caden corrió la cortina para ocultarla y salió.
Al ver una mancha de lápiz labial en los labios de Caden, Hank se dio cuenta de que Alicia había estado allí. Tose discretamente y aparta la mirada. —Prepara el coche —ordena Caden—. Bajaré en un minuto.
—Entendido. Hank se marcha rápidamente.
Esa noche, de vuelta en el apartamento, Alicia prueba una nueva receta de postre para Caden.
Consciente de sus restricciones dietéticas debido a una afección estomacal, Alicia preparó la crema sin azúcar. Probó un poco en su dedo y se lo ofreció. «¿Está bien de sabor?».
Caden se apoyó en la encimera, rodeándola con sus brazos. En lugar de probar la crema, besó su dedo. «Dulce», dijo suavemente, con una mirada intensa y depredadora, mostrando poco interés en el postre en sí.
Todo el cuerpo de Alicia hormigueaba por su calor mientras susurraba: «Ni siquiera has cenado todavía. ¿Puedes esperar un poco?».
Caden respondió juguetonamente: «¿A qué estamos esperando?». Alicia, sin palabras, cogió otro poco de nata y se lo dio.
Caden se lo comió con avidez, moviendo visiblemente la garganta mientras tragaba. «¿Cuál es esa recompensa que mencionaste hoy?», preguntó.
Un destello iluminó los ojos de Alicia. Con una sonrisa que no pudo reprimir, bromeó: «Te lo diré cuando llegue el momento».
Al poco tiempo, la nata montada se esparció juguetonamente por todo el cuerpo de Alicia, que Caden lamió lentamente, saboreando cada momento.
El dulce aroma de la nata llenó la sala de estar. Caden, atrapado en el momento, se preguntó internamente si Alicia o la nata eran más dulces.
Su abrazo, intenso y duradero, parecía no querer ceder.
Con notable paciencia, Caden exploró cada rincón de su apartamento con Alicia, cada espacio resonando con recuerdos de su unión.
Alicia se sentía como si estuviera en un sueño, uno del que no tenía ganas de despertar.
Las gotas de sudor de Caden, pegadas a su piel, cayeron sobre Alicia, haciéndola sentir como si ella también se estuviera disolviendo como la crema.
Tras sus repetidos momentos de cercanía, Caden y Alicia se detuvieron sobre las sábanas para descansar un momento.
Él besaba su rostro incansablemente mientras Alicia, exhausta, se aferraba débilmente a su cabello, con la garganta seca.
Ella levantó la vista, con los ojos húmedos. El apuesto hombre que tenía ante sí la miraba con afecto. El sudor había empapado su cabello, añadiendo un elemento salvaje y seductor a su apariencia.
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