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Capítulo 946:
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—De acuerdo —dijo Caden, y esa sola palabra cayó como una promesa. Se sintió sólida, inquebrantable, arraigándola en su certeza.
Los labios de Alicia se curvaron en una sonrisa. Lamentó haberse compadecido de Dorian. Nunca había sido un padre para ella, nunca le había ofrecido amor ni apoyo. ¿Cómo podía dejar que siguiera afectándola? Caden merecía su cuidado, el hombre que la apoyaba, que siempre la elegía a ella.
El zumbido del secador de pelo llenó la habitación mientras Caden trabajaba con diligencia, teniendo cuidado de no tirar de su cabello ni lastimarle el cuero cabelludo. Sus dedos rozaron suavemente su cuello, provocándole una sensación de cosquilleo.
Alicia carraspeó con torpeza. «No tienes que ser tan minucioso. No es que tengamos prisa por dormir».
La expresión de Caden no cambió. —Aunque todavía no nos vayamos a dormir, deberías secarte el pelo.
—¿Tienes algo más que hacer esta noche? —preguntó ella.
—No, me quedaré contigo. A menos que quieras salir a tomar el aire.
El corazón de Alicia se enterneció ante su consideración. Últimamente había estado deseando besuquearse con ella, pero aun así anteponía sus necesidades a las suyas. —No, solo quiero acostarme temprano.
Caden miró la hora y arqueó una ceja. Solo eran las ocho. —¿Tan temprano? —preguntó.
Alicia se sonrojó. —No es ese tipo de sueño —murmuró avergonzada.
—¿Qué has dicho? —preguntó Caden, acercándose mientras apagaba el secador.
—Nada. Solo termina de secarme el pelo —dijo Alicia rápidamente, con tono nervioso.
Caden estaba de humor para intimar, pero era considerado con los sentimientos de Alicia y se conformó con abrazarla.
Para Alicia, era una cuestión sencilla, más bien un trato de toma o deja. Estaba dispuesta a ir más allá, pero era demasiado tímida para iniciar algo.
Así que se tumbaron juntos en un silencio pacífico, ambos completamente despiertos. Poco a poco, el aroma relajante de la aromaterapia empezó a arrullar a Alicia hacia el sueño. Apoyando su mejilla contra el pecho de Caden, encontró relajante el latido constante de su corazón, un ritmo suave que la adormeció.
En su estado de somnolencia, Alicia sintió los dedos de Caden acariciando su rostro. Apenas abrió los ojos y murmuró su nombre: «Caden…».
Él la miró, con ojos cálidos y afectuosos. «¿Sí?», respondió.
Alicia le dio una palmadita en la mano para consolarlo. «Tu abuela se pondrá bien. No te preocupes».
Caden sintió una mezcla de dulzura y tristeza en su pecho. Se rió entre dientes. «Está bien. Lo entiendo».
Unos momentos antes, había pensado que Alicia podría revelar sentimientos más profundos por él. Después de unas copas, parecía el momento perfecto para un corazón a corazón. Pero esta interacción también era reconfortante. Apreciaba su tranquilidad. Caden apretó su mano y la besó. «¿Me perdonas por lo de mi abuela?».
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