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Capítulo 929:
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Sacudiéndose estos pensamientos, Caden se levantó para echar un vistazo al apartamento de Alicia.
El apartamento, de unos cien metros cuadrados, estaba escasamente amueblado, pero rezumaba una elegancia sencilla, llena de una energía vibrante. Era evidente que ella frecuentaba este lugar, ya que los signos de sus actividades diarias, como comer y dormir, eran evidentes.
Los artículos domésticos, en su mayoría para una persona, subrayaban su estilo de vida solitario, sin dejar lugar a dudas.
Esta constatación le trajo a Caden tanto consuelo como tristeza. Dos años de tormento mutuo desde la distancia, todo por su culpa.
Mientras Caden estaba sentado junto a la ventana, perdido en sus pensamientos, una llamada de Hank interrumpió el silencio.
La conexión fue mala al principio, la voz de Hank se entrecortaba antes de aclararse. «Sr. Ward, ¿es un buen momento para hablar?».
«Adelante», respondió Caden.
«Tu abuela ha sufrido una caída y un derrame cerebral. Es grave. Deberías volver inmediatamente».
A pesar del intento de Caden por mantener la compostura, las palabras de Hank lo conmocionaron profundamente.
Caden se sintió paralizado e inmediatamente se puso de pie para irse. «¿Está en cirugía?».
«Están esperando su regreso antes de proceder», respondió Hank.
Caden regresó rápidamente al hospital sin un momento de pausa.
Al llegar, Hank le informó a Caden que Ciara ya había sido operada y que ahora estaba en la sala.
Cuando Caden abrió la puerta, Hank le advirtió: «Sr. Ward, quizá quiera prepararse».
«Sr. Ward, por favor, tómese un momento para tranquilizarse». Caden espetó: «¡Ya basta!». Hank se quedó callado.
Caden entró, con las manos temblorosas.
La cortina estaba corrida alrededor de la cama de Ciara, ocultándola. La habitación estaba inquietantemente silenciosa. Cuando Caden se acercó, de repente vaciló, perdiendo los nervios.
Caden había estado fuera de casa desde que tenía nueve años, y Ciara lo había criado desde entonces. Ella lo había amado, enseñado y apoyado, y su tierno afecto lo impregnaba todo. La idea de perderla era insoportable. Después de una larga pausa, Caden finalmente extendió la mano para correr la cortina.
En ese momento, Ciara gritó: «Jasmine, ¿ha vuelto Caden?». El corazón de Caden se apretó mientras escuchaba.
Ciara continuó: «Debería volver pronto. Ese chico, aunque a veces es un granuja, es devoto y vuelve corriendo cada vez que se entera de que tengo problemas».
Caden recuperó gradualmente la compostura. La voz de Ciara era demasiado animada para alguien gravemente enfermo. Además, los pacientes con ictus no suelen hablar con claridad hasta al menos dos o tres días después de la operación.
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