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Capítulo 926:
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El hombre la miró a los ojos, con el rostro bronceado ligeramente enrojecido por la vergüenza. «Se suponía que debía consultar con el Sr. Hampton, pero después de su incidente, tuve que encontrarla a usted».
«¿Qué necesita de mí?», preguntó Alicia.
El hombre respondió: «Me acusaron de pluriempleo y el hospital me despidió. Sra. Bennett, realmente necesito este trabajo. Le aseguro que no volverá a suceder».
«¿Esa es toda la historia?», preguntó Alicia.
El hombre asintió con la cabeza, con expresión sombría.
Alicia notó entonces un considerable moretón que asomaba por debajo de su cuello, que recordaba a la lesión de un boxeador. «¿Cuál era su trabajo secundario?».
Sin tapujos, el hombre dijo: «Me dedicaba al boxeo ilegal». El boxeo ilegal estaba lleno de peligros, pero ofrecía rápidos beneficios económicos.
Alicia observó sus manos y vio los nudillos callosos que envolvían sus largos dedos. Las señales de una vida dura eran inconfundibles. Habiendo apoyado a numerosos niños desfavorecidos, Alicia podía sentir una profunda desesperación en él, como si estuviera constantemente luchando por respirar.
De repente se le ocurrió una idea. «¿Cuánto tiempo lleva luchando?».
Exhaló con fuerza. «Tres años».
«¿Cuál es su historial?».
«He ganado nueve de cada diez peleas».
«Dadas las pruebas concretas en su contra, no puedo justificar que siga aquí. Sin embargo, puede aceptar un puesto como guardaespaldas», explicó Alicia, exponiendo las instrucciones con claridad. «Será escoltado mañana por la mañana para empezar. Si demuestra su competencia, su remuneración será igual o superior a sus ingresos actuales».
El hombre hizo una pausa, la incertidumbre grabada en su rostro. El escrutinio de Caden se intensificó, su mirada penetrante mientras observaba al hombre.
—Sra. Bennett, ¿podría decirme más sobre a quién protegeré? —preguntó el hombre.
Alicia respondió: —La hermana de Corey, no es precisamente una jefa infame.
Bajando la mirada, el hombre apretó las manos y dijo: —Gracias, Sra. Bennett.
Alicia salió del hospital, caminando junto a Caden hacia el coche aparcado.
Caden le abrió la puerta del coche.
Con un toque frío, Alicia empujó la puerta hacia atrás, diciendo: «Puedo arreglármelas sola. No hace falta que me lleves».
Los labios de Caden se apretaron. Bajo la cálida brisa de mayo, su expresión de tristeza se hizo más profunda, contrastando fuertemente con el clima. «Hice un esfuerzo especial para venir a verte. ¿Es así como respondes?».
Alicia respondió: «Gracias por hacer el viaje solo para asustarme».
Ella esquivó a Caden y se subió al coche.
Caden, que aún no estaba listo para irse, mantuvo la puerta abierta y le habló con voz suave. «Vine aquí con la esperanza de que la visita fuera agradable, pero estás aquí por Corey. Eso no me llena precisamente de alegría».
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