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Capítulo 918:
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Alicia miró su reloj. «Tengo que coger un vuelo pronto».
«No puedo quedarme mucho tiempo».
«¿Adónde vas?». Las cejas de Caden se fruncieron con preocupación.
«Corey tuvo un accidente en el club hace medio mes. Todavía está en la UCI. Hay muchas cosas en la empresa que me esperan», respondió ella con calma.
No culpaba a Caden, pero sabía que el estado de Corey era en parte culpa de Caden. Caden no negó su implicación, su voz era fría.
«Me sorprende que no esté muerto».
Alicia no reaccionó, sabiendo que no tenía derecho a juzgar.
Anunció: «Descansa un poco. Me voy».
Caden frunció el ceño. «¿Tienes que irte ahora?».
Alicia hizo una pausa. «¿Necesitas algo?».
Él vaciló y luego dijo: «Quiero que te quedes conmigo».
Su mirada no vaciló. «No», dijo con firmeza.
Caden la miró fijamente, con la voz cargada de emoción. —¿No puedes mostrar un poco de compasión?
Alicia se rió entre dientes, con un tono carente de calidez. —Si no te preocupas por ti mismo, ¿de qué serviría mi compasión? ¿Curará tu estómago? ¿O arreglará tu impulsividad imprudente?
Caden comprendió la creciente preocupación de Alicia, lo que explicaba sus comentarios mordaces. No sintió ira. Además, reconoció su propio error. «No volverá a suceder», dijo con sinceridad.
La frustración de Alicia aumentó. «Siempre dices lo mismo. ¿Cuándo cambiarás de verdad?».
«¡Esta vez, lo digo en serio!», insistió Caden.
«¡Dijiste lo mismo la última vez!».
La frente de Caden se arrugó mientras hablaba con sinceridad. «Puedo ser amable contigo, pero no con los demás, y menos aún con los hombres que muestran interés en ti».
El mensaje era claro: no daría marcha atrás si volvía a provocarlo.
El enfado de Alicia aumentó, pero la expresión vulnerable en el rostro de Caden despertó emociones contradictorias en ella. Vencida, se dio la vuelta para irse.
Caden se incorporó rápidamente y la atrajo hacia sí.
Alicia se quedó sin aliento. —¡Todavía tienes el gotero!
Con un gesto desdeñoso, Caden retiró la aguja. —Ya está bien. No hay más obstáculos.
Alicia se quedó sin habla. Sus mejillas se enrojecieron de furia. Sintió la necesidad de abofetearlo, pero en su lugar su mano presionó suavemente la herida que aún sangraba.
Caden inhaló su aroma, sintiendo cómo su calor relajaba la tensión que se había acumulado durante semanas. La abrazó con fuerza. «Beber fue un error. No lo volveré a hacer».
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