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Capítulo 895:
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Alicia cogió el teléfono de Caden y marcó el de Hank. Hank, siempre en espera, respondió inmediatamente. «Señor Ward».
Alicia no perdió tiempo. «¿Cómo de grave es el problema de estómago de Caden?».
Hubo una breve pausa antes de que Hank respondiera: «La gastritis del Sr. Ward es un problema de larga duración. El médico dice que es manejable con los cuidados adecuados y que no es grave. Sra. Bennett, no hay necesidad de preocuparse en exceso».
«Si no es grave, ¿por qué ocultármelo?». El tono de Alicia se volvió más frío. «Alguien como él no llevaría medicación para el estómago a menos que fuera absolutamente necesario».
Hank respondió: «El Sr. Ward suele saltarse comidas cuando está absorto en el trabajo, así que siempre lleva medicinas a mano. Sra. Bennett, ya que está aquí, ¿podría pedirle ayuda? El Sr. Ward la escucha mucho. Si pudiera asegurarse de que come con regularidad, podría evitar los dolores de estómago».
El agarre de Alicia al teléfono se apretó cuando un pensamiento preocupante cruzó por su mente. «Hank, ¿estáis ocultando algo? ¿Tiene Caden cáncer de estómago?».
La respuesta de Hank fue rápida y firme. «Sra. Bennett, le aseguro que el Sr. Ward está realmente bien».
Al darse cuenta de que no conseguiría más información, Alicia terminó la llamada rápidamente, y su preocupación la mantuvo despierta durante toda la noche.
Ahora se sentía aún más inquieta.
Al desplomarse en la silla, Alicia notó que las luces exteriores se encendían. Al levantar la vista, vio la silueta de Caden extenderse en la luz, con movimientos inestables.
Alicia salió del estudio, dirigiéndose hacia él, y vio a Caden a punto de entrar en la habitación de invitados.
—Caden —dijo ella, con voz preocupada.
Se volvió bruscamente, con pánico y miedo en los ojos. Cuando vio que ella no se había ido, Caden se relajó y se acercó para abrazarla en silencio.
La sujetó con tanta fuerza que casi le quitó el aliento. «¿Qué estás haciendo…», trató de decir, pero su voz se quebró al notar la humedad de su camisa.
En ese momento, Alicia sintió que sus fuerzas se agotaban.
Después de soltarla, Caden volvió a su comportamiento normal. «¿Qué te pasa esta noche? ¿Por qué sigues despierta?», preguntó.
Alicia miró fijamente sus profundos ojos. «No podía dormir, necesitaba un poco de tiempo a solas», respondió.
Luego ofreció: «Caden, ¿quieres una copa?».
Caden frunció el ceño. «Eres alérgica al alcohol».
«Es una alergia leve, nada letal».
Mientras hablaba, Alicia sacó una botella de su preciado vino tinto del armario. Sirviendo una copa para cada uno, el líquido rubí brilló bajo la luz, proyectando un resplandor romántico sobre la habitación.
Justo cuando Alicia levantó su copa, Caden intervino rápidamente. «No nos arriesguemos. Incluso las alergias leves pueden ser impredecibles».
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