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Capítulo 888:
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Aunque Alicia gozaba de buena salud, sabía que Caden padecía graves problemas estomacales que requerían una cuidadosa planificación de las comidas.
Sus pensamientos volvieron a Caden, y su estado de ánimo, previamente influenciado por Corey, se aligeró considerablemente al pensar en él, olvidando el libro de cocina en su regazo. Fue la llamada de Caden la que finalmente la sacó de su ensueño. «El experimento ha hecho algunos progresos. ¿Quieres venir a verlo?», preguntó.
Alicia respondió con un «Mm» evasivo.
«Vale, iré a recogerte», ofreció Caden.
Cuando llegó, la lluvia comenzó a caer de nuevo. La llovizna implacable reflejaba los cielos lúgubres que parecían presionar sobre la ciudad.
Al abrir la puerta del coche, Alicia fue recibida por un ramo de rosas rosas frescas, con sus vibrantes capullos enjoyados con gotas de lluvia, que desprendían una sutil fragancia. La vista levantó momentáneamente la melancolía de su espíritu. Alicia se mordió el labio, mirando las flores sin alcanzarlas.
«¿Vas a tener una cita con alguien más tarde?», preguntó.
Caden la observó atentamente, calibrando su reacción. No pudo evitar admirar su actuación; su pregunta parecía impulsada por una curiosidad genuina.
«Aún no estoy seguro», respondió mientras arrancaba el coche. «Si ella está libre esta noche y yo juego bien mis cartas, entonces sí, podría tener una cita con ella».
Alicia respondió con un simple «Oh».
Apoyando la cabeza en la mano, Alicia comentó distraídamente: «Las rosas son rosas, así que supongo que la persona que te gusta debe de ser bastante joven».
Caden siguió el juego, admitiendo sinceramente: «Es un año más joven que yo».
«Eso no es precisamente joven», señaló Alicia.
«No importa», respondió Caden con una leve sonrisa. «Me gusta por lo que es; la edad es solo un número». Era raro que hablara tan sentimentalmente.
Alicia se abrazó instintivamente. Al darse cuenta, Caden supuso que tenía frío y subió la calefacción del coche.
Cuando llegaron al edificio del laboratorio, Caden se inclinó para ayudarla con el cinturón de seguridad.
Después del clic del desbloqueo, se quedó un rato, con la mirada fija en sus rasgos. Su voz era ligeramente ronca. «Señorita Bennett, ¿está libre esta noche?».
Alicia se sorprendió momentáneamente por su cercanía. «No», respondió. «Sinceramente, tus tácticas de cortejo ya no son lo que eran».
Caden reflexionó sobre los años pasados, cuando la noción de cortejo estaba lejos de su mente. Aquellos años estuvieron llenos de debates, conflictos y noches impulsivas juntos. Su cercanía había sido física; sus intercambios habían sido suspiros y susurros, no palabras de amor.
Caden abrió la puerta del coche, decidido. «Entonces seguiré mejorando».
Sabiendo que las flores llamarían demasiado la atención en el laboratorio, Alicia decidió dejarlas en el coche para llevárselas a casa más tarde.
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