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Capítulo 858:
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Alicia exhaló profundamente, sintiéndose abrumada. Cuando el conductor terminó de descargar, le dio una propina.
«¿Hay otra marca como Blizzard Group conocida por sus muebles inteligentes y seguros en Warrington?», preguntó.
El conductor reflexionó un momento antes de responder: «Podrías probar con Starfield Tech. Son los segundos después de Blizzard Group y se enorgullecen de su seguridad».
Esa noche, Alicia exploró más a fondo sus opciones. Mientras la nueva ama de llaves le servía una sopa nutritiva, dijo: «Sra. Bennett, hoy no trabajo». Alicia asintió con una sonrisa. «Está bien».
Sintiéndose tranquila, hizo un pedido a Starfield Tech y al día siguiente instalaron nuevas cerraduras.
Sin embargo, cuando llegó a casa esa noche, se sorprendió al encontrar a Caden saliendo del baño, su musculoso cuerpo salpicado de gotas de agua. Alicia se quedó paralizada en la puerta.
Caden captó su mirada. —Has vuelto. Estaba probando la cama de masaje. ¿Ya la has probado?
Alicia, completamente desconcertada, preguntó: «¿Cómo has entrado?». Caden miró hacia la cerradura de la puerta.
«Reinicié el sistema y usé el código predeterminado».
La frustración nubló la expresión de Alicia. «Pero Starfield Tech me aseguró que sus cerraduras eran absolutamente seguras…».
Con una risita y una ceja levantada, Caden respondió: «¿Mencionó Starfield Tech que yo diseñé su cerradura?».
Alicia, sin palabras, observó cómo Caden se acercaba a la camilla de masajes. Su atención se desplazó entonces a una pequeña caja en una silla cercana, adornada con un dibujo de un delfín. La cogió.
—¿Esto es para Ray? Se acerca su cumpleaños. No pensé que te acordarías.
Antes de que pudiera continuar, Alicia se acercó corriendo y dijo:
Caden entrecerró los ojos e instintivamente levantó el brazo cuando ella se abalanzó para agarrar la caja.
Las mejillas de Alicia se enrojecieron en la lucha. «Esto es mío. ¿Quién te ha dicho que te lo puedas llevar? ¡Devuélvemelo, Caden!».
Al verla tan nerviosa, la curiosidad de Caden se despertó y sus pensamientos dieron un giro travieso. Dio la vuelta a la caja para echar un vistazo a las instrucciones del juguete.
Una sonrisa se dibujó en sus labios. «Ah, así que es para disfrute personal».
Su sonrisa persistió, pero su tono se volvió frío. «¿Qué, planeas usar esto en lugar de mi boca?».
Alicia, con el rostro enrojecido por la ira y la vergüenza, dejó de intentar arrebatarle la caja. De pie, resuelta, habló con seriedad. «Caden, ¡devuélvemelo!». La ira real podía ser más potente que cualquier forcejeo físico.
Caden no quería molestarla. Estaba dispuesto a devolvérsela, pero no estaba dispuesto a dejarla ir.
Alicia forcejeó. «¡Suéltame!».
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