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Capítulo 854:
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Caden escudriñó la expresión de Alicia. —¿Qué pasa? ¿No te gusta la fragancia? La expresión de Alicia era un poco incómoda. Dejó el incienso sobre la mesa. —Está bien.
Caden respondió: «Entonces traeré más mañana». Alicia miró las cinco o seis cajas que ya tenía a su lado. «No hace falta».
Caden la cogió suavemente por el tobillo y la llevó hacia el cabecero de la cama. Se quitó los zapatos y se colocó con las piernas cruzadas entre las suyas.
Alicia sintió cómo una oleada de vergüenza la invadía y sus orejas se enrojecieron. «¿Tenemos que seguir con esto?».
Caden se untó un poco de pomada en la yema del dedo. —¿No quieres moverte libremente mañana?
Alicia frunció el ceño. —Puedo moverme perfectamente así.
—Aun así, es mejor seguir poniéndotelo.
Alicia se quedó sin palabras. Entonces, ¿por qué se lo había preguntado?
Estableció un límite firme. —Esta es la última vez. No vamos a volver a hacerlo.
Caden reconoció su seriedad y asintió con la cabeza.
Sin embargo, sus manos comenzaron a desviarse, apartando la tela blanca.
Alicia dio un salto. «¡Oye!».
Caden respondió con calma: «Solo me aseguro de que no haya otras lesiones».
Alicia le agarró la mano para detener sus movimientos. «No habría ninguna lesión; no hemos llegado tan lejos».
A pesar de su intento de bloquearlo, Caden se las arregló para ver lo que pretendía.
Su mirada se volvió intensa y su expresión seria. «Soy como un tigre, áspero al tacto».
Alicia puso los ojos en blanco y no dijo nada.
Caden se sintió atraído por ella una vez más. Ansiaba estar cerca de ella.
Aprovechando su fuerza física, la persuadió suavemente y se burló de ella juguetonamente.
«Solo estoy mirando, prometo no tocar», susurró Caden suavemente, con voz seductora.
Alicia no quería concederle ni siquiera eso. Atrapada, se protegió con las manos. Aunque estaba cubierta, se sentía increíblemente expuesta.
Alicia se reafirmó en su decisión. «Está bien, mira». Después de todo, todo el mundo tenía ojos; ahora podía mirar todo lo que quisiera.
Caden esbozó una sonrisa. Hacía siglos que no sonreía, y Alicia notó una ternura inusual en su mirada. Esa suavidad, mezclada con su carisma habitual, despertó en ella sentimientos desconocidos.
—Eres impresionante —dijo Caden, con admiración en la voz—. Cada centímetro de ti es hermoso. Te aprecio por completo.
El corazón de Alicia se agitó. Una compleja mezcla de emociones surgió, tiñendo sus delicadas orejas de un rojo intenso.
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