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Capítulo 835:
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Alicia se enderezó rápidamente, un atisbo de vergüenza asomando a su rostro. Caden sonrió satisfecho, ajustándose la camisa.
«Vaya, vaya, parece que te gusta esta zona mía. La última vez también me sorprendiste con una porra aturdidora aquí».
La mandíbula de Alicia se tensó mientras le lanzaba una mirada fría.
«Se equivoca, señor Ward. Fue puramente instintivo. Cogí lo que tenía más a mano en ese momento».
Caden se echó hacia atrás despreocupadamente, ampliando su sonrisa.
«No hay necesidad de ser tímido. Si tanto te gusta, no me importaría dejarte explorarlo unas cuantas veces más.»
La sonrisa de Alicia vaciló, su expresión se volvió seria.
«Límites, señor Ward. Le agradecería que ejerciera un poco de autocontrol».
Sin inmutarse, Caden se echó hacia atrás con una sonrisa de satisfacción.
«¿Por qué me preocupa? Siempre he sido soltero».
Alicia se vio sorprendida. Parpadeó, muda por un momento, antes de soltar un suspiro lento y frustrado. Miró por la ventana, con las manos apretadas en el regazo mientras luchaba por mantener la compostura. Finalmente, incapaz de aguantarse, puso los ojos en blanco, con la paciencia claramente agotada.
Caden utilizó el pretexto de hablar del proyecto para guiar a Alicia a un tranquilo restaurante junto a la playa. Cuando se sentaron, le puso delante la propuesta de negocio. Alicia bajó la mirada hacia el documento y recorrió con los ojos la propuesta de investigación tecnológica.
Caden habló despreocupadamente.
«Te dije que no te traería hasta Warrington para nada. Esto es lo que más quieres, ¿verdad? Ahora es tuyo».
Sus palabras, pronunciadas con tanta despreocupación, despertaron un torbellino de emociones en Alicia. Se tomó un momento para serenarse, con la mente acelerada. Al cabo de unos instantes, abrió la propuesta y examinó su contenido. Cada punto clave estaba resumido con gráficos limpios, y los experimentos estaban expuestos con claridad. La pericia de Caden era innegable, sus habilidades brillaban en cada detalle.
Tratando de mantener sus emociones bajo control, Alicia bajó la mirada.
«¿Por qué estás tan involucrado en este proyecto?», preguntó, con tono cauteloso. Era una pregunta que parecía innecesaria, como si ambos supieran ya la respuesta.
Caden no dudó.
«Ya sabes la respuesta. ¿Por qué preguntas?».
A Alicia se le apretó el pecho. Sintió la punzada familiar, el dolor que había enterrado tantas veces. La compensación ya no importaba. El daño que se habían hecho era irreparable.
Sin decir nada más, cerró la propuesta y se la volvió a deslizar por la mesa. Cuando levantó la vista, su rostro estaba sereno, las paredes en su sitio.
«Gracias por su generosidad, Sr. Ward, pero éste es su trabajo. Debe de haberla terminado después de tantas dificultades. No puedo quitárselo».
La expresión de Caden cambió, un destello de algo crudo detrás de su calma habitual.
«Te he esperado dos años. Y éste es un proyecto en el que llevamos investigando sólo un año. No es tan difícil para mí».
Alicia permaneció en silencio, con el peso de su mirada presionándola. Luchó por mantener la compostura, pero bajo su mirada penetrante, volvió a bajar la vista.
«No quiero que me regalen nada», dijo en voz baja pero con firmeza.
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