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Capítulo 798:
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Alicia miraba fijamente a la pared, su silencio se alargaba hasta convertirse en una eternidad insoportable. Caden aflojó ligeramente el agarre y le ahuecó suavemente la cara, sus ojos buscaban en los de ella cualquier señal de perdón.
La miró a los ojos, buscando desesperadamente un rastro del amor que una vez sintió por él, aunque estuviera impregnado de tristeza o vacilación. Pero no había nada. Lo único que encontró fue un profundo vacío que lo invadió de miedo.
El corazón de Caden latía con fuerza mientras le acariciaba tiernamente la cara, con un suave murmullo en la voz.
«Lucky, te lo suplico».
Las pestañas de Alicia temblaron débilmente, una pequeña reacción casi imperceptible. Su voz carecía de emoción cuando finalmente respondió: «De acuerdo».
Caden no sintió alivio alguno ante la aceptación de Alicia. La mujer que una vez conoció parecía perdida, sustituida por alguien a quien apenas podía reconocer. Había cambiado mucho. Sus días estaban llenos de tareas interminables, su comportamiento más tranquilo que nunca y su presencia distante.
Movido por una mezcla de curiosidad y preocupación, Caden había consultado en secreto su calendario. Todos los viajes que aparecían en la lista eran para asistir a una conferencia de tecnología y ninguno tenía que ver con la galería de arte que una vez había sido su pasión. Era como si hubiera abandonado por completo su antigua vida, dejando atrás las cosas que una vez la definieron.
Sentado solo en su despacho, Caden se encontró atrapado en un laberinto de sus propios pensamientos. Con la mirada perdida en el espacio, su mente agobiada, hasta que un golpe en la puerta lo interrumpió.
«Adelante», dijo, enmascarando rápidamente su agitación interior con su habitual expresión distante.
Esperaba a Hank, pero para su sorpresa, fue Alicia quien entró. Llevaba un sencillo traje blanco que hacía juego con su aura tranquila pero distante. Sin decir palabra, se acercó a su escritorio y colocó una pequeña pila de fotos frente a él.
Los ojos de Caden pasaron de su rostro a las fotos, instantáneas de Alicia tomadas desde lejos.
«¿Por qué has hecho esto? -preguntó ella, con voz tranquila pero penetrantemente directa.
Caden frunció ligeramente el ceño. Había contratado a un investigador privado para que hiciera esas fotos, y no tenía sentido negarlo.
«Sin alguien que te siga, parece como si fueras un fantasma al que ni siquiera puedo alcanzar a ver», admitió. Su tono era grave, con un trasfondo de acusación que no pudo reprimir.
El rostro de Alicia permaneció sereno, aunque sus ojos parpadearon con una emoción que él no pudo discernir.
«Si querías verme, podías habérmelo dicho, Caden. No necesitabas contratar a nadie para que me siguiera».
«¿No merezco algo de intimidad?». La voz de Alicia era tranquila, pero llevaba un deje de reproche.
La intensa mirada de Caden se suavizó.
«¿Qué tal si cenamos esta noche? ¿Una comida familiar?».
Ciara lo había estado llamando varias veces al día, su preocupación por el bienestar de Alicia era evidente. Caden sabía que si Alicia no asistía, Ciara se preocuparía mucho.
La mirada de Alicia vaciló brevemente antes de asentir. Tras un momento de silencio, dijo: «De acuerdo. A las seis. Debería estar libre para entonces».
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