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Capítulo 745:
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Una punzada aguda atravesó el corazón de Alicia cuando afloraron en su mente los recuerdos de su frío e indiferente padre y de la madre que perdió demasiado pronto. Él estaba tan roto como ella.
Sin darse cuenta, los muros que había construido alrededor de su corazón empezaron a desmoronarse.
Puede que el corazón de Alicia se hubiera ablandado, pero sus palabras seguían tan afiladas como siempre.
«Tendré al niño, pero no tiene nada que ver contigo».
Caden sabía que seguía enfadada y que no se apaciguaría fácilmente, así que decidió seguirle el juego por el momento. No se atrevió a sacar el tema de la fiesta de compromiso.
Paciencia, pensó. Ella entraría en razón con el tiempo, y cuando llegara ese momento, él estaría preparado.
«¿Qué tal si nos casamos a finales de mes?», sugirió con cuidado. El compromiso estaba fijado para el día veintitrés, y fin de mes parecía el momento perfecto para hacerlo oficial.
«Yo me encargaré de los preparativos de la boda. No tendrás que mover un dedo; sólo aparecer».
Los ojos de Alicia se endurecieron.
«No quiero casarme», dijo, con un tono gélido.
«¿No has oído lo que acabo de decir? Estoy dispuesta a quedarme con el niño, pero no con el padre. ¿Por qué iba a casarme?».
Caden asintió, tragándose su decepción.
«De acuerdo, quédate con el niño pero no con el padre».
Por ahora, se contentaba con dar un paso atrás, sabiendo que una vez que el bebé estuviera involucrado, sólo sería cuestión de tiempo que ella entrara en razón. Caden entendía cuándo avanzar y cuándo retroceder.
Sintiendo que ella necesitaba espacio, Caden se retiró a la cocina, hurgando en los armarios para prepararle algo. El ruido de los platos resonó en el silencioso apartamento.
Alicia finalmente estalló.
«Nadie ha vivido aquí antes – no hay nada para comer.»
«Vete.»
Caden salió de la cocina, imperturbable.
«Entonces haré que envíen comida».
«No es necesario. No tengo apetito!» Alicia dijo, irrumpiendo en el dormitorio. Se metió en la cama, se tapó la cabeza con la manta, tratando de bloquear el mundo y al hombre que no la dejaba en paz.
¿Debía quedarse con el niño? La pregunta daba vueltas en su mente, incluso mientras se sumía en un sueño intranquilo, sin encontrar la respuesta.
El sueño de Alicia era frágil estos días, el menor ruido bastaba para despertarla. Cuando abrió los ojos, encontró a Caden sentado junto a la cama. El suave resplandor de la lámpara de noche proyectaba sombras sobre sus fuertes facciones, dándole un aspecto imponente y tierno a la vez.
Sus ojos oscuros se encontraron con los de ella, profundos e intensos, como remolinos dispuestos a arrastrarla. Entonces se dio cuenta de que tenía el teléfono en la mano.
Frunció el ceño, con voz cortante.
«¿Qué estás haciendo? ¿Espiándome?»
Caden apagó la pantalla del teléfono y la miró, con voz firme.
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