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Capítulo 722:
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Con dedos temblorosos, sacó su teléfono y abrió los registros del chat de aquella noche. Los ojos de Caden siguieron la pantalla mientras ella lo sostenía. Los mensajes estaban ahí, claros como el agua: registros que él no había visto en su propio dispositivo.
Se dio cuenta de que le habían quitado el teléfono antes de conocer a Dorian. Las piezas encajaron y el calculado movimiento de Yolanda se hizo más claro.
Alicia vio su expresión seria y sintió que una nueva oleada de dolor la inundaba. ¿Estaba pensando que ella había inventado las pruebas?
Su voz se quebró, cruda y rota.
«Me he protegido de todo el mundo, pero en quien más confiaba era en ti. Nadie más sabía que me llamaba Lucky, así que cuando recibí ese mensaje, fui allí sin dudarlo».
Las lágrimas le escocían los ojos mientras hablaba, con la garganta apretada por la pena.
«Me equivoqué», susurró.
Se llevó la mano a la frente, tratando de ocultar las lágrimas que caían por su rostro.
«Cuando Joshua me engañó con aquel mensaje, pensé que había aprendido la lección. Nunca imaginé que volvería a cometer el mismo error después de todos estos años… Estaba equivocada».
¿Por qué seguía repitiendo los mismos errores? ¿Por qué nunca conseguía lo que anhelaba? No podía ganarse la aprobación ni el amor de su padre. No podía retener a su madre, la única que la quería de verdad. Después de un matrimonio fallido, había sido cautelosa con el afecto de Caden, recordándose a sí misma que debía andar con cuidado y no perderse a sí misma. Pero Caden había sido demasiado bueno con ella, tanto que le había entregado su corazón, había aceptado su proposición y se había atrevido a soñar con una vida con él. Ahora, esos sueños se habían convertido en la hoja más afilada, cortando lo más profundo de su corazón.
Caden apagó el cigarrillo y la estrechó entre sus brazos.
«Alicia, este asunto ha terminado», dijo, con la voz desprovista de emoción. Ahora comprendía cómo había sucedido. Con eso le bastaba. Este capítulo tenía que terminar ahí.
Al escuchar su voz distante, Alicia sintió que por fin lo veía tal como era. Nunca antes se habían enfrentado a un reto como éste. Caden siempre tenía el control, siempre era el vencedor, mostrándole sólo su lado más fuerte y seguro. Pero ahora, si ella había sido manchada por otro hombre pendía de un hilo, poniendo a prueba sus límites. Para él, fingir que no había pasado nada era la mayor misericordia que podía ofrecer.
«Caden, tomemos un descanso», dijo Alicia de repente.
Las pupilas de Caden se contrajeron ante sus palabras.
Podía leer la agitación en su voz: decepción, ira, tristeza y una docena de otras emociones que se arremolinaban bajo la superficie. En el pasado, le habría importado, habría intentado consolarla, demostrarle que la comprendía. Pero ahora se sentía igual de agotado.
«Está bien», respondió, con voz tranquila, casi indiferente.
«Estaré ocupado las próximas semanas. Deberías cuidarte y descansar».
Los labios de Alicia se curvaron en una leve y fría sonrisa. Un golpe en la puerta interrumpió el silencio. La comida que había pedido había llegado. Sin mediar palabra, Alicia abrió las fiambreras para Caden, aunque ella misma no tenía apetito.
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