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Capítulo 718:
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El corazón de Alicia se retorció de confusión. De verdad confiaba en ella? Entonces, ¿por qué su voz sonaba tan tensa, tan cargada de un peso tácito? Ella no le guardaba rencor por su duda.
«Por favor, Caden. Sólo déjame hacer el chequeo».
Pero su respuesta siguió siendo la misma.
«No es necesario». Las fuerzas que le quedaban se desvanecieron y dejó que sus ojos se cerraran, el peso del momento presionándola.
La confianza de Caden no la aliviaba. Por el contrario, la sofocaba, como una fuerza invisible que le oprimía el pecho.
Caden no se fue de inmediato. Se quedó al lado de Alicia hasta que ella se quedó dormida, observando cómo sus facciones se suavizaban a medida que el sueño se apoderaba de ella. Sólo entonces cerró los ojos, pero el cansancio lo carcomía implacablemente. Estaba agotado. Después de días y noches de trabajo constante, apenas había dormido media hora en las últimas 48 horas. Hasta un hombre de acero flaquearía bajo semejante presión. Pero el sueño no llegaba. Abriera o cerrara los ojos, la escena del hotel le perseguía y se repetía con insoportable detalle. Cada pensamiento le producía un dolor agudo en el pecho.
Cuando estuvo seguro de que Alicia dormía, Caden salió de la habitación y encontró a Hank esperándole en el pasillo.
Hank bajó la voz.
«Nos hemos ocupado de todos los reporteros. Hemos confiscado todas las grabaciones y fotos. La familia Moss intervino para ayudar a suprimir la noticia. El incidente de esta mañana no llegará al público».
«¿La familia Moss?» Preguntó Caden.
«Sí, la señora Moss ofreció su ayuda. Sin embargo, fue Yolanda quien orquestó todo el montaje contra el señor Langstaff y la señora Bennett.»
El rostro de Caden permanecía inexpresivo, tan sereno que parecía como si el incidente no hubiera ocurrido en absoluto. Pero Hank sabía que no era así. Podía ver el tormento cocinándose a fuego lento bajo la estoica fachada de Caden.
«Señor Ward, la propuesta ha hecho demasiado ruido», dijo Hank con cuidado.
«No es el momento adecuado. Puso a la señorita Bennett en peligro y condujo a esto».
Había convertido a Alicia en un objetivo, desencadenando una cadena de acontecimientos que condujeron a esta tragedia. Por una vez, Caden no le reprendió. Sus ojos estaban tormentosos, ilegibles, cargando un peso que sólo él conocía.
Tras un largo silencio, Caden habló, con voz mesurada.
«Dado que el asunto está bajo control, no lo intensificaremos más. Durante los próximos dos días, coloca más guardaespaldas alrededor de Alicia. No quiero que me molesten».
La cara de Hank se torció de confusión.
«¿Está diciendo que nos olvidemos de lo que hizo Yolanda, señor Ward?».
La expresión de Caden permaneció tranquila e ilegible.
«No, Hank. Tengo mi propia manera de manejarlo».
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