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Capítulo 687:
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Él había sido el que se había precipitado, pero ahora se deleitaba burlándose de ella.
Ella sintió una mezcla de amor y frustración hacia él por esto.
Caden se burló: «Tengo que averiguar por qué tus reacciones son tan inmediatas. Un simple beso o una caricia te elevan».
La cara de Alicia se calentó ante su comentario atrevido.
«Basta.»
Caden no aflojó, su tono cada vez más juguetón.
«¿Me equivoco? Desde que estás conmigo, es como si tu cuerpo no pudiera pasar un día sin mi contacto».
Alicia llegó a su límite, frunció el ceño e intentó apartarse, pero su mano rozó algo oculto bajo las sábanas.
Pensando que podría ser un regalo, lo sacó.
«¿Qué es esto?»
Caden lo miró, con una sonrisa socarrona dibujándose en su rostro.
«Ábrelo. Creo que te va a gustar lo que hay dentro».
Alicia se mordió el labio, una sonrisa jugando en sus labios mientras abría la caja, sólo para descubrir que estaba llena de condones.
Se quedó con la boca abierta de asombro.
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Caden cogió uno despreocupadamente y lo abrió con los dientes.
Sus ojos brillaban con un deseo inconfundible.
Alicia no podía negarse.
Sólo podía suplicarle que fuera amable y esperar lo mejor.
«Aunque suave no es exactamente tu estilo, ¿verdad?». señaló Caden en tono juguetón.
Alicia le dio una bofetada en el brazo y murmuró: «Desvergonzado».
Cuando Caden se inclinó para apretarse más contra ella, Alicia cambió de posición y, sin darse cuenta, miró por la ventana.
Una vez más, contempló la majestuosa vista que tenía ante ella: los altísimos rascacielos, las banderas en el cielo que anunciaban la propuesta de matrimonio de Caden y el lujoso castillo.
Su corazón se ablandó.
«¿Cuánto te has gastado esta noche?».
Caden chasqueó la lengua.
«¿En serio? ¿Por qué preguntas algo tan trivial en un momento así?».
Alicia se mordió el labio inferior.
«No puedo evitar pensar que es un despilfarro», murmuró.
Después de todo, todo habría desaparecido por la mañana.
Sólo de pensarlo sintió una punzada en el pecho.
Pero Caden acalló sus lúgubres pensamientos con un profundo beso.
No paró hasta que la oyó suspirar satisfecha.
Por desgracia, las cosas buenas nunca duran, como decía el refrán.
El teléfono que había caído al suelo empezó a sonar.
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