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Capítulo 650:
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Alicia dio la espalda al caos que se desarrollaba a sus espaldas. Los sonidos de los gritos de Yolanda, las órdenes firmes de Caden y la voz calmada pero insistente de Regina llenaban la habitación. Era un caos total.
Alicia quiso alejarse, pero algo la inmovilizó en su sitio, haciéndole imposible moverse. Se dijo a sí misma que no debía dejarse llevar por la ira, que no debía montar una escena. Pero, ¿a cuántos conflictos se habían enfrentado ella y Caden por culpa de Yolanda? ¿Cuándo terminaría?
«Alicia.»
Ella no sabía cuánto tiempo había estado de pie allí cuando la voz de Caden cortó a través de sus pensamientos.
Se giró para ver a los guardaespaldas de Regina intentando escoltar a Yolanda a la salida. Yolanda, desafiante y enfurecida, luchó contra ellos hasta que Regina se adelantó y la sujetó.
«Tus heridas están al descubierto. Tenemos que ir al hospital ya», dijo Regina con severidad.
Los ojos de Yolanda brillaron con desdén. Se sacudió el agarre de su madre.
«¡No me toques!»
La voz de Regina se agudizó. «Yolanda, conoce tu lugar. Caden te ayudó por obligación, nada más. Ahora ni siquiera eres su amiga, así que ¿qué derecho tienes a montar una escena?».
La paciencia de Yolanda se quebró. «¿Y qué derecho tienes tú a sermonearme?».
La compostura de Regina vaciló por un momento. «Soy tu madre, Yolanda».
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La expresión de Yolanda se retorció de amargura. «¿Crees que mereces ese título? Una madre de verdad no se pondría del lado de otros para humillar a su propia hija».
La tensión crepitó en el aire.
Caden frunció el ceño mientras tiraba el pañuelo arrugado a un lado. «Tengo que ver cómo están», dijo, dirigiéndose hacia la conmoción.
Alicia permaneció callada. Permaneció donde estaba, esperando.
Cuando Caden se acercó, vio que Yolanda golpeaba a Regina en el pecho con el codo. Regina hizo una mueca de dolor y se soltó.
Yolanda, preparada para lanzar más insultos, se dio cuenta de que Caden se acercaba y se recompuso rápidamente, exclamando: «¡No era mi intención!».
Caden tenía una visión clara del incidente. Yolanda había golpeado intencionadamente a su madre, haciendo gala de una saña inesperada.
Presa del pánico, Yolanda se dio cuenta de que su acto de inocencia se había venido abajo. Comprendiendo que tenía que retroceder, decidió que escapar rápidamente era su mejor opción. Comenzó a alejarse en silencio.
La cara de Regina palideció mientras soltaba suavemente a Caden. «Gracias, Caden. Me las arreglaré», susurró.
Caden frunció ligeramente el ceño. «Vamos al hospital para que te examinen».
Regina negó con la cabeza. «Tu novia te está esperando».
Para entonces, Alicia se había acercado. Había visto lo que había pasado. Conociendo la sensibilidad de la zona en la que Regina había sido golpeada, Alicia pudo darse cuenta de que tenía un dolor importante.
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