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Capítulo 639:
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Una vez terminaron, se tomó un momento para estabilizarse antes de levantarla suavemente y llevarla al baño. La luz parpadeó y su reflejo en el espejo llamó su atención. Un hombre pálido y cansado le devolvía la mirada: un desconocido. Apenas se reconocía a sí mismo.
Antes de regresar a Warrington, Caden pasó a ver a Gareth. Se paró a los pies de la cama, con determinación en la voz.
«Esto no volverá a ocurrir, Gareth. De ahora en adelante, tendrás guardaespaldas contigo en todo momento», dijo Caden con firmeza.
Los ojos de Gareth se encontraron con los suyos, desenfocados y distantes, antes de asentir lentamente.
«También traeré aquí a tu familia», añadió Caden.
«Estarán más seguros contigo».
Ante la mención de su familia, las manos de Gareth se cerraron en puños bajo la manta. Corey aún los tenía, cada momento era un recordatorio silencioso del poder que ostentaba. El recuerdo de aquella mañana se retorció como un cuchillo en su pecho. El brazo amputado de su hijo había llegado como una sombría advertencia.
La desesperación y el miedo habían obligado a Gareth a ceder a las exigencias de Corey. Ahora, la culpa lo carcomía al encontrarse con los ojos de Caden. Las palabras se agolparon en su pecho, desesperadas por escapar, pero se las tragó y forzó un tenso: «Gracias».
Caden entrecerró los ojos. Estudió el rostro de Gareth y preguntó: «¿Hay algo que no me estás contando?».
La voz de Gareth era áspera al hablar.
«Agradezco tu amabilidad, Caden».
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En la mente de Caden resonaron las palabras de Dorian: «Si Gareth muere hoy, ese es su destino. Pero si sobrevive, entonces es tu destino el que está sellado». El corazón le retumbó en el pecho.
Miró a Gareth con una mirada profunda y escrutadora.
«Descansa. Dentro de dos meses, alguien vendrá a por vosotros. Todos tenéis que estar en mi fiesta de compromiso».
Los ojos de Gareth se abrieron ligeramente por la sorpresa.
Caden se volvió y señaló a la esbelta figura que estaba junto a la puerta.
«Esa es mi prometida, Alicia Bennett».
Una sonrisa genuina se dibujó en el rostro de Gareth. En aquel breve instante, parecían viejos amigos compartiéndolo todo.
«Te deseo toda la felicidad, K».
Mientras Caden salía de la habitación, su teléfono zumbó.
Llegó la voz de Gerry, aguda e impaciente.
«¿Cuándo vuelves?».
Caden hizo una señal a Alicia para que subiera al coche, apoyándose despreocupadamente en él mientras respondía: «¿Te has encargado de lo que te he pedido?».
Del otro lado se oyó una risita.
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