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Capítulo 621:
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Empatizó con Regina. Era consciente de que Regina nunca había formado parte de esos problemas y, como madre, se enfrentaba a sus propias luchas. Alicia también experimentaba una sensación inexplicable cada vez que veía a Regina, algo que evitaba cualquier sentimiento de antipatía.
Regina aferró la taza de té, sus dedos la envolvieron con fuerza.
«Señorita Bennett, comprendo que no pueda perdonar a Yolanda, pero las cosas se le han ido de las manos, y me siento obligada a disculparme en su nombre».
Alicia se había vuelto indiferente a las disculpas. Ella respondió,
«Sra. Moss, se equivoca.»
«Es Caden la más perjudicada en todo esto, y una disculpa no consiste sólo en decir lo siento. La verdadera reconciliación requiere el perdón de la víctima».
Regina la miró, momentáneamente perdida. El tono de Alicia no era duro, pero su mirada llevaba un poco de la esencia de Caden: afilada pero fundamentalmente amable.
Regina se dio cuenta de que Caden no había compartido todo con Alicia. Ella no sabía sobre el conflicto actual entre las familias Moss y Ward. Dorian ya había hecho su jugada.
La angustia de Regina creció, un profundo dolor se instaló en su corazón, que se intensificó al ver a Alicia. Las intenciones de Dorian eran proteger y querer a Yolanda. Sin embargo, ¿por qué la idea del futuro de Alicia la llenaba de tanto malestar?
«Señorita Bennett, ¿usted siente un profundo afecto por Caden?».
Alicia se sobresaltó con la pregunta. Se sentía demasiado personal, inquietándola.
«Sí, Sra. Moss. Lo amo profundamente».
Los capítulos finales, por hispanovelas.con
Regina esbozó una leve sonrisa.
«Me da un poco de vergüenza admitirlo, pero a pesar de su larga relación, nunca le he hecho un regalo».
Entonces sacó algo de su bolso.
Era una tarjeta bancaria.
Regina colocó la tarjeta sobre la mesa y dijo suavemente: «Sra. Bennett, le deseo una felicidad duradera».
Tras una breve pausa, se levantó.
«Le dejo que vuelva a su trabajo. No la molestaré más».
Alicia cogió la tarjeta y se levantó para seguirla.
«Sra. Moss, este regalo debería ser para Caden».
La tarjeta bancaria volvió a la mano de Regina, que de repente sintió calor. Quiso hablar, pero su atención fue atraída por una fotografía familiar en la pared detrás del escritorio de Alicia. La foto ligeramente descolorida mostraba a la joven pareja Bennett con un bebé, sus expresiones llenas de amor.
Regina contempló al inocente niño. Sus pensamientos se remontaron más de veinte años atrás, al día en que dio a luz a Yolanda en Warrington. El llanto del bebé marcó el final de su calvario y, cuando la comadrona se lo entregó, Regina le echó un vistazo. Ese momento se fundió inexplicablemente con el bebé de la fotografía.
Alicia, al notar su concentración, preguntó con curiosidad: «Señora Moss, ¿conoce a mis padres?».
Regina negó con la cabeza.
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