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Capítulo 588:
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Cuando habló, su voz era firme y fría. «Sólo he repetido sus propias palabras, señorita Moss. De verdad va a amenazarme por eso? Parece que cuando hay poder y riqueza de por medio, la decencia humana pasa a un segundo plano.»
El pecho de Yolanda se hinchó, su rabia apenas contenida. La intensidad de su mirada podría haber cortado el acero.
«¡Basta de teatro!» exclamó Yolanda, dándose cuenta demasiado tarde de que Alicia le había tendido la trampa perfecta, utilizando su impulsividad para influir en la opinión pública.
Alicia conocía bien el temperamento rápido de Yolanda y sabía que a menudo hablaba sin pensar, sobre todo delante de las cámaras.
Alicia la miró, inflexible. «Díganos, señorita Moss, ¿sus palabras significan algo o son sólo amenazas vacías? ¿Las apoyará o se esconderá detrás de excusas?».
Las cámaras se acercaban como una marea implacable.
El rostro de Yolanda enrojeció, una mezcla de furia y humillación. Dorian, que había estado observando desde la barrera, ya no podía permanecer pasivo. Dio un paso al frente, llamando la atención con su presencia.
Yolanda lo vio al instante, y el fuego de sus ojos se apagó. Se mordió el labio, las lágrimas amenazaban con derramarse mientras susurraba: «Papá…».
En aquel momento, parecía pequeña y vulnerable, como si fuera ella la atacada.
Dorian la movió suavemente detrás de él y se volvió hacia Alicia.
Su voz tranquila y autoritaria se abrió paso entre el ruido. «Señorita Bennett, mi hija no se encuentra bien y está tomando una medicación que afecta a sus emociones. Hoy se ha expresado mal y le pido disculpas en su nombre».
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Ofreció la disculpa con elegancia, trasladando sutilmente la presión a Alicia.
La expresión de Alicia permaneció neutral, su voz inquebrantable. «Señor Moss, que yo sepa, sólo los declarados mentalmente incapaces pueden evitar la rendición de cuentas. Tiene pruebas del estado de su hija?».
La mandíbula de Dorian se tensó, aunque su voz se mantuvo mesurada. «No, ella está perfectamente, por eso he venido a disculparme».
«Entonces tus disculpas no son necesarias», respondió Alicia, con tono firme. «El responsable debe afrontar las consecuencias por sí mismo».
Desde la multitud, Benedict murmuró: «¿Por qué insiste tanto? ¿Ni siquiera una disculpa pública de alguien tan influyente como Dorian es suficiente?».
La respuesta de Caden fue cortante y fría. «La edad o el estatus no excusan las malas acciones. Si así fuera, ¿para qué tendríamos leyes?».
Benedict lanzó a Caden una mirada mordaz. «¿Por qué estás tan enfadado por una mujer? ¿Realmente vale la pena?»
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