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Capítulo 378:
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Al abrir la puerta del coche, una mano la detuvo.
La mano de Alicia se tensó en el picaporte, pero no se movió. No necesitó mirar hacia atrás; su olor familiar lo delató de inmediato.
La mirada de Caden se clavó en su perfil. «¿No te han gustado?»
Alicia bajó la mirada. «Son fuegos artificiales. ¿Cómo no iban a ser bonitos?»
Pero esos fuegos artificiales nunca fueron para ella. ¿Qué autoridad poseía para juzgar su belleza?
Caden se acercó, con voz firme. «Yo organicé los fuegos artificiales hace algún tiempo. Como decidiste no reunirte conmigo, ésta era la única forma en que podía compartirlos».
Como Madison había mencionado, los fuegos artificiales de este calibre eran realmente raros. Requirieron un gran esfuerzo por su parte.
No buscaba reconocimiento; simplemente comentó: «Alicia, parece que hace siglos que no me permites abrazarte como quiero».
Alicia permaneció inmóvil.
Caden interpretó su silencio como un acuerdo y la envolvió en sus brazos.
Su mejilla se apoyó en su pecho, donde el ritmo constante de los latidos de su corazón resonó en sus oídos, despertando un torbellino de emociones en su interior. Dado su estado actual, podía percibirlo todo con mayor claridad. ¿Eran realmente los fuegos artificiales lo que la cautivaba? Lo que resonaba más profundamente eran todos los gestos de consideración que él le había mostrado.
Incapaz de resistirse, Alicia se aferró instintivamente a su camisa, buscando consuelo en el momento. Lentamente, levantó la cabeza.
Caden, sintiendo su deseo tácito de un beso, se inclinó más cerca, cerrando la distancia entre ellos.
Alicia se puso de puntillas.
Justo cuando sus labios estaban a punto de encontrarse, Caden volvió a la realidad.
Colocó la mano entre ellos, deteniendo su avance.
Los ojos de Alicia parpadearon cuando se clavaron en los suyos.
Su voz sonó ronca. «¿Sigue en pie nuestro acuerdo?»
Alicia guardó silencio, pero el rápido destello de sus ojos le dijo todo lo que necesitaba saber.
Contaba.
Su intento de besarlo había sido un movimiento calculado, destinado a anular su acuerdo. Si se hubieran besado, habría significado su pérdida.
Frustrada por el fracaso de su plan, Alicia dio un paso atrás y se dirigió hacia el coche.
Caden, con el corazón acelerado, tiró de ella. «Quiero abrazarte un poco más».
Alicia no se resistió.
Después de todo, todo dependía de su estado de ánimo. Si se sentía generoso, cumpliría su acuerdo; si no, podría pasarse, y ella no tendría ningún control.
Caden le acarició la cara con suavidad, su voz contenía una pizca de reticencia cuando dijo: «Te has convertido en toda una estratega, Alicia».
Su tono era a la vez resignado y comedido.
Esa contención sólo lo hacía más cautivador.
Alicia sintió que un calor le recorría las palmas de las manos, y respondió con ecuanimidad: «Aprendí del mejor, señor Ward».
Caden rozó ligeramente sus labios con los de ella, con los ojos llenos de deseo.
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