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Capítulo 1348:
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Cuando sus palabras se desvanecieron, la habitación cayó en un silencio pesado.
Ellis finalmente levantó los ojos.
—¿Eso es todo? ¿Nada más profundo que ofrecer?
Los labios de Kenji se apretaron en una delgada línea mientras luchaba con la disculpa.
—Yo…
Las palabras se le atascaron en la garganta, tan obstinadas como las de Scarlette aquella noche.
«Lo siento, papá» se quedó en su lengua, pero el orgullo las mantuvo atrapadas entre los dientes apretados.
Los rasgos de Ellis cambiaron sutilmente.
«¿Tú qué?»
La mandíbula de Kenji trabajó en silencio, su ego todavía luchando con la humildad. Más tarde, después de ser despedido del estudio, Kenji encontró a Jaida merodeando cerca de la puerta. Enderezándose, logró una sonrisa débil.
«Papá me perdonó».
—Le vi acompañarte a la puerta —respondió Jaida con sequedad.
Los días se desdibujaron en noches mientras Kenji luchaba contra sus demonios internos, rindiéndose finalmente a la decisión razonable: lo intentaría con Scarlette.
La ironía no se le escapó a Kenji. Arrastrarse para proponerle matrimonio después de romper su compromiso requeriría más valor del que nunca había necesitado. Pero este era su lío para desenredar.
La resolución cristalizó en acción cuando Kenji abordó un vuelo a Warrington, decidido a desnudar su corazón ante Scarlette.
Esta vez, no se dejó margen para la retirada, dando su primer paso en la prestigiosa institución de Scarlette.
La academia más elitista de Warrington se distinguía por ser un santuario donde el tres por ciento eran verdaderos prodigios académicos y el resto eran descendientes de la élite.
Con una precisión calculada, Kenji se abrió camino hasta un puesto de profesor. Que un joven de veintiún años reclamara un puesto tan prestigioso levantó más de una ceja entre las paredes cubiertas de hiedra. Sin embargo, el dinero, lo sabía, podía disolver el noventa y nueve por ciento de las complicaciones de la vida. Su apellido, como una llave maestra, abrió suavemente la última puerta.
Desde su ventajoso punto de observación en el asiento de la ventana de la cafetería, los dedos de Kenji encontraron el número de Scarlette.
«Hablemos de nuestro compromiso otra vez», dijo, midiendo y deliberando cada palabra.
La respuesta de Scarlette llegó en silencio digital: una llamada desconectada y un número bloqueado.
Kenji miró fijamente su pantalla oscura, respirando lentamente entre dientes apretados. ¿Qué estaba haciendo, persiguiendo a una chica testaruda? Con su ausencia confirmada, quedarse parecía inútil.
Pero cuando Kenji se levantó para irse, el destino jugó su mano: Scarlette apareció al otro lado de la bulliciosa calle, y junto a ella estaba lo que parecía ser su antiguo novio.
Una ceja se arqueó mientras los dedos de Kenji bailaban en su teléfono, conectando con su contacto en Banta.
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