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Capítulo 1324:
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«Nada tan específico, solo disfrutar del paisaje».
—¿De verdad? —El escepticismo nubló el rostro de Cliff.
En ese momento, la recepcionista terminó de procesar el registro de Cliff y Laney, y su actitud profesional cambió cuando vio a Caden.
—Bienvenido de nuevo, Sr. Ward —dijo cálidamente.
El reconocimiento se reflejó en el rostro de Cliff.
—Este lugar, ¿es tuyo?
—Caden arqueó una ceja.
«Solo una pequeña inversión por diversión».
«Entonces, ¿estás detrás del acceso exclusivo y de la astronómica subida de precios?», presionó Cliff.
«¿Quién iba a pensar que habría tantas personas adineradas dispuestas a comprar el misterio?», reflexionó Caden.
Al ser una de esas «personas», los labios de Cliff se torcieron en una sonrisa irónica.
«Qué afortunado soy de contar con un amigo como tú entre mis conocidos».
La risa de Caden resonó por el vestíbulo.
A pesar del coste exorbitante, el impresionante esplendor del complejo hacía difícil albergar cualquier resentimiento real.
En lo alto de la cima de la montaña se alzaban dos suites de lujo. Una pertenecía a la familia de Caden, mientras que la otra, reclamada originalmente por un prominente magnate de los negocios, se había conseguido para Cliff gracias a la generosa intervención de Caden y a una triple compensación.
Las ventanas del suelo al techo abrazaban el espacio por todos lados, revelando un panorama majestuoso de picos besados por la niebla y valles verdes debajo. Laney bailaba por los suelos pulidos con asombro infantil, sus pies descalzos apenas tocaban el suelo. Presionaba las yemas de los dedos contra el cristal transparente, absorbiendo cada detalle de la espectacular vista. Como un centinela devoto, Cliff ordenó metódicamente sus pertenencias y preparó la cena.
En el tranquilo interludio antes de la cena, Cliff se sumergió en sus responsabilidades en línea.
Laney, absorta en sus juegos de iPad, de vez en cuando daba una pirueta para plantarle un beso en la mejilla, haciendo girar su vestido de ballet mientras realizaba un baile improvisado para su placer.
A medida que caía la noche y se activaban los dispositivos de privacidad de la habitación, Cliff mantuvo su fachada profesional mientras su mano vagaba bajo la mesa, con la intención de complacer a Laney.
El vestido de Laney permanecía inmaculado, aunque bajo su modesto dobladillo, su experto toque provocaba sutiles temblores en su cuerpo.
Finalmente, Cliff retiró la mano, fingiendo una leve molestia mientras examinaba su reluciente palma.
«Esto hace que trabajar sea todo un reto», reflexionó.
Un profundo carmesí floreció en las mejillas de Laney mientras buscaba pañuelos.
Cliff evadió su intento de ayuda y, en su lugar, trazó con sus elegantes dedos el contorno de sus carnosos labios rosados.
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