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Capítulo 1309:
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Enterrando la cara en las manos, Laney contuvo una nueva oleada de lágrimas.
—Después de cuidar de alguien durante tanto tiempo, no puedes apagar esos sentimientos como si fueran una luz.
A Kailyn nunca le había gustado la naturaleza volátil de Cliff —su tendencia a estallar en lugar de comunicarse—, un disgusto que compartía con su amiga. Kailyn reveló la verdad con delicadeza.
«Cliff me pidió que viniera. Dijo que era el primer día de tu período y quería que te viera».
Los ojos de Laney se posaron en el desayuno que Kailyn había traído.
Laney contempló la comida que Kailyn había traído: platos de su restaurante favorito. Se dio cuenta de repente de que, aunque Kailyn no conocía sus preferencias, Cliff conocía sus gustos de memoria.
«Y justo antes de que abrieras la puerta, Cliff se había ido», añadió Kailyn en voz baja.
Laney se quedó paralizada, con los ojos ya hinchados y abiertos como platos al darse cuenta de la verdad.
«Dios, tenía un aspecto horrible», dijo Kailyn con voz preocupada.
«Como si hubiera estado de guardia toda la noche, su cara estaba tan blanca como la nieve fresca».
El recuerdo del frío cortante de ayer golpeó de repente a Laney como un golpe físico. Apenas había conseguido pasar unos minutos fuera antes de que las lágrimas brotaran de sus ojos por el frío intenso. La idea de pasar toda una noche con esas temperaturas heladas la hizo estremecerse. Y la noche había sido aún más despiadada.
«Pero, ¿por qué?», la voz de Laney se quebró de frustración.
«¿Por qué se torturaría quedándose fuera en lugar de entrar?».
Ella siempre perdonaba rápidamente, su corazón se ablandaba ante el más mínimo gesto de bondad. No podía entender por qué había elegido una demostración tan dramática.
Kailyn sacudió la cabeza, igualmente desconcertada.
«Supuse que estabas enfadada y lo habías dejado fuera. Nunca imaginé que fueras tú la que tenía el corazón roto. Si sabía que tenía razón, ¿por qué recurrir a esta demostración teatral para conseguir compasión en lugar de simplemente entrar?».
A Laney no le importaba en absoluto. Su corazón estaba consumido por la preocupación. Quería saber desesperadamente si Cliff estaba bien, si la gélida noche lo había dejado enfermo, pero el orgullo y el miedo le impedían marcar su número.
En su lugar, Laney dirigió una mirada suplicante a Kailyn, rogándole en silencio que hiciera la llamada.
La expresión de Kailyn se suavizó con simpatía.
—¿No ves lo que está haciendo? Cliff es inteligente, está orquestando esto para tocar tu fibra sensible, para que vuelvas corriendo. Quizás deberías mantenerte firme.
—Pero anoche vino a aclarar las cosas. Yo fui la que mencionó romper primero… Eso fue lo que lo hizo estallar —dijo Laney débilmente.
—¿Le diste siquiera la oportunidad de explicarse? —presionó Kailyn.
Laney se quedó sin habla. La verdad es que sí, pero su ira había estallado y las palabras se habían convertido en armas.
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