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Capítulo 1305:
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Sintiéndose completamente agotada emocionalmente, Laney no quería molestar a Merrick. Se acercó en silencio a la enfermería para preguntar por su estado.
El estado de Merrick era estable y, con su familia presente, no había motivos de preocupación inmediata.
Mientras Laney pensaba en el rostro pálido de Cliff, le pidió a la enfermera sus datos.
La enfermera le informó a Laney que no había ningún registro de Cliff porque no se había registrado.
A pesar de su enfado hacia Cliff, Laney seguía preocupada. Se sentó fuera de la sala, mirando débilmente las puertas del ascensor, con la esperanza de ver llegar a Cliff.
Sin embargo, a medida que avanzaba la noche, todavía no había señales de él. Con los ojos llorosos, Laney se dirigió sola a casa.
El tiempo había empeorado. Sin paraguas, Laney estaba empapada cuando llegó a casa. Helada hasta los huesos, se miró en el espejo y sintió la necesidad de llorar. Se mordió el labio, tratando de…
Laney luchó por contener las lágrimas, con la mano presionada contra su inquieto estómago. Después de un momento, entró en la ducha.
Una vez que terminó, comenzó el familiar calambre de su período. Rápidamente se quitó los pantalones, solo para descubrir que su ropa interior limpia ya estaba manchada de sangre.
Frustrada, agarró otro par de ropa interior, pero se golpeó el dedo del pie en la cama en su prisa, dejando escapar un grito de dolor. Sentándose, se agarró el dedo del pie y dejó que las lágrimas fluyeran libremente.
Después de llorar, Laney se apoyó en el poste de la cama, perdida en sus pensamientos. De repente sonó su teléfono: era Cliff.
No contestó. Él llamó una y otra vez.
Finalmente, Laney cedió y respondió.
La voz de Cliff era áspera.
«Abre la puerta».
Un nudo se formó en el pecho de Laney. Echó un vistazo afuera y le susurró: «No».
«Entonces entraré yo mismo».
Cliff se quedó en la puerta del dormitorio, observando cómo los hombros de Laney temblaban con sollozos silenciosos.
Incluso en su angustia, Laney conservó una pizca de compostura, con la cabeza inclinada mientras las lágrimas recorrían sus mejillas, humedeciéndole los muslos. Una corriente de aire frío indicó la llegada de Cliff. Había intentado reprimir sus emociones durante el viaje, pero verla arrugada en el suelo atravesó las paredes que había construido cuidadosamente a su alrededor.
Dejando sus cosas a un lado, Cliff la abrazó y encendió el aire acondicionado. Su piel se sentía como en invierno bajo su tacto.
Al darse cuenta de que su ropa no era suficiente para protegerla del frío, Cliff se quitó la chaqueta y se levantó la camisa, acercando sus piernas al calor de su abdomen.
Laney se apartó bruscamente, con el pánico reflejado en su rostro.
«Estoy con el periodo. Hay sangre», dijo apresuradamente, dándose cuenta de repente de su estado de exposición.
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