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Capítulo 1304:
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Cliff se quedó paralizado, intentando comprender la mezcla de duda, tristeza y decepción en sus ojos. Cada emoción le tocaba la fibra sensible.
—¿Por qué lo preguntas?
En un tono apagado, Laney preguntó: —¿Chocaste con Merrick por accidente?
La mirada de Cliff se volvió fría.
—¿Sospechas que quería matarlo?
Laney no lo negó.
—No te gusta, ¿verdad?
El aire estaba cargado de tensión, presionando su pecho y dificultándole la respiración. Quería explicarse, pero las palabras no salían. En su lugar, una risa fría se le escapó, con una expresión llena de burla.
A Laney se le empezaron a formar lágrimas en los ojos mientras lo observaba. Se quedó preguntándose si él había confesado de esa manera y sin entender por qué lo había hecho.
Las emociones de Laney se desmoronaron mientras hablaba en voz baja, pero había una clara sensación de reprimenda en sus palabras.
«¿Cómo has podido ser tan imprudente? He dejado claro que Merrick y yo solo somos amigos. Si te molesta verme en sus carreras, ¿por qué no lo discutiste conmigo? ¿Cómo se te ha podido pasar por la cabeza asesinarlo? Merrick es el único hijo varón de la familia Acosta. ¿Has considerado las consecuencias de tus actos si Merrick hubiera muerto en ese accidente? Cliff, el asesinato es un delito grave. Conlleva la cárcel. ¿Cómo has podido siquiera plantearte matarlo?
Cliff respondió con frialdad: Como has dicho, el asesinato es un delito. ¿De verdad crees que sería tan tonto como para destruir mi vida por un competidor?
Laney levantó una ceja.
Entonces, estás diciendo que…
Cliff desvió la mirada, interrumpiéndola con tono sarcástico.
—Deberías ir a ver a tu buen amigo Merrick. Si le pasa algo, como parece que crees que yo he causado, no podría escapar de las consecuencias, ¿verdad?
Los ojos de Laney se entrecerraron. Miró fijamente a Cliff durante un largo momento.
—Cliff…
Sin inmutarse, Cliff habló con severidad: —Vete.
Secándose las lágrimas en silencio, Laney se levantó y se marchó.
Cliff la vio irse con pasos temblorosos. Su ira seguía creciendo, lo que le provocó una tos fuerte.
Afuera, los guardias que vigilaban a Cliff vieron a Laney alejarse corriendo y llorando. Sintieron la necesidad de seguirla, pero dudaron antes de darse la vuelta para abrir la puerta.
—¿Señor Hopkins?
Cliff se puso de pie, con la mano apretada contra el pecho. Con el rostro pálido, ordenó: —Trae el coche. Tengo que hablar con los organizadores de la carrera.
El conductor, preocupado, respondió: «Pero Sr. Hopkins, parece muy débil en este momento».
Cliff se impacientó.
«¡Sólo trae el coche!». Estaba decidido a reunir pruebas de los fallos del coche y enfrentarse a Laney.
Aunque Laney se marchó enfadada, no se atrevió a abandonar las instalaciones del hospital.
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