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Capítulo 1302:
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«¡Vuelven!». El alivio inundó su voz. La magistral conducción de Cliff había dejado a la manada comiendo polvo, y solo Merrick podía seguir su ritmo.
En los círculos de las carreras, Merrick era una fuerza a tener en cuenta, y hoy había apostado más que dinero: su reputación pendía de un hilo. Una derrota aquí destrozaría sus sueños de triunfar en el mundo de las carreras.
Sin embargo, Cliff no mostró piedad y llevó su máquina al límite. La compostura de Merrick comenzó a resquebrajarse a medida que la victoria se le escapaba de las manos, dividiendo su atención entre la carretera y su rival.
Entonces, sin previo aviso, el coche de Cliff perdió impulso.
Merrick se adelantó, pero algo en su retrovisor le llamó la atención: el vehículo de Cliff zigzagueaba erráticamente.
Años de experiencia le decían a Merrick que algo iba muy mal. Con la línea de meta a la vista, Merrick se vio dividido entre la victoria y la preocupación, y soltó el acelerador.
El coche de Cliff se puso a su lado una vez más.
«¿Qué le pasa a tu coche?», gritó Merrick, levantando la visera.
La mandíbula de Cliff estaba como de piedra mientras luchaba con la máquina averiada, demasiado concentrado para responder.
Los instintos de Merrick se activaron: era inconfundiblemente un fallo de los frenos. Alguien había saboteado el vehículo.
En un destello de claridad, Merrick recordó haber admirado el coche deportivo de Cliff antes de la carrera, e incluso haber sugerido que intercambiaran vehículos.
Las piezas encajaron: los rivales de Merrick habían manipulado el coche, pero su objetivo había pasado sin saberlo la trampa mortal a Cliff.
«¡Te estoy tapando el paso!». La voz de Merrick se abrió paso entre el rugido del motor.
«¡Usa mi coche como freno!».
Las palabras golpearon a Cliff como un rayo.
Antes de que Cliff pudiera reaccionar, Merrick ya había colocado su vehículo justo delante.
A pesar del desesperado intento de Cliff por desviarse, el destino tenía otros planes. El choque fue ensordecedor: el metal chirriaba contra el metal en una sinfonía de destrucción que parecía sacudir la tierra misma.
Los gritos de horror de los espectadores atravesaron el aire.
Al oírlos, a Laney se le quedó la cara pálida. Aunque no podía ver quién estaba involucrado, su corazón lo sabía. Se abrió paso entre la multitud aterrorizada, sus pies la llevaron hacia los restos.
«¡Cliff!», su voz se quebró mientras corría, las lágrimas surcaban sus mejillas.
«¡Cliff!».
Las secuelas de la colisión pintaban un panorama sombrío. Aunque el coche de Merrick había dado una vuelta de campana, su robusta estructura había protegido la cabina, dejando la parte trasera abollada.
A través de la bruma de dolor y vértigo, Cliff luchaba con la puerta destrozada de su vehículo aplastado por delante, arrastrándose hacia la voz de Laney.
Las lágrimas de Laney cayeron más rápido al ver a Cliff de pie, sus manos temblaban mientras le buscaban heridas.
El equipo médico del circuito se abalanzó con una eficiencia probada.
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