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Capítulo 1294:
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Después de dos horas implacables en el baño, Cliff finalmente le concedió un respiro, recuperando la cordura mientras desataba las cintas de seda de su temblorosa figura. Había elegido seda auténtica por su decadente suavidad, decidido a proteger su delicada piel. Sin embargo, su fragilidad, combinada con su pasión desenfrenada, había dejado marcas carmesí en su piel.
Con reverente delicadeza, Cliff presionó sus labios sobre cada tierna marca antes de llevarla a la cama que la esperaba.
Laney, creyendo que la tormenta había pasado, finalmente dejó que sus lágrimas fluyeran libremente.
Entendiendo su tendencia a llorar, Cliff las apartó hábilmente, murmurando: «Conserva tus fuerzas. Estamos lejos de haber terminado».
Sus palabras hicieron que un escalofrío recorriera la espalda de Laney, su cuerpo temblaba incontrolablemente.
«No», susurró, con la voz apenas audible, pero Cliff, con los ojos ardientes de deseo, la silenció con un beso implacable.
Aunque las lágrimas corrían por las mejillas de Laney, hacía tiempo que la resistencia la había abandonado, dejándola completamente a su merced.
Laney durmió hasta la tarde siguiente, completamente agotada.
Cliff permaneció junto a ella, atento al momento en que sus ojos se abrieran.
Laney nunca había experimentado un cansancio tan profundo; incluso después de despertarse, su mirada permaneció distante, perdida en una niebla durante horas.
Cuando Cliff regresó, trajo un caldo nutritivo y la acunó en su regazo mientras la alimentaba con cuidado.
Los ojos de Laney seguían hinchados, su cabello en cascada no lograba ocultar la constelación de marcas que adornaban su piel, un retrato de frágil belleza que solo aumentaba su atractivo. Enroscó sus delgados brazos alrededor de él, respirando su nombre.
—Cliff…
Sus dedos se enredaron en su cabello con infinita ternura, sus ojos eran estanques de afecto.
—¿Dormiste bien?
A medida que la claridad volvía a su mente, Laney recordó su pasión desenfrenada de la noche anterior. Retiró su mano con un mohín hosco.
El agarre de Cliff en su cintura se apretó posesivamente.
—Come primero, y luego puedes enfadarte conmigo.
Su estómago la traicionó con un gruñido audible. La sopa que tenía ante sí rebosaba de todos sus ingredientes favoritos y, a pesar de su resistencia, se encontró aceptando cada cucharada.
Después de varios bocados, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas sin que ella lo quisiera.
—¿Está demasiado caliente? —La voz de Cliff transmitía una preocupación genuina.
Laney negó con la cabeza, con la voz cargada de emoción.
—Duele.
—Más tarde te pondré un bálsamo calmante. El dolor se te pasará pronto.
Cliff le besó las lágrimas, con el corazón encogido por su angustia.
—No llores.
—¿Podemos no hacerlo otra vez? La voz de Laney surgió como un susurro suplicante.
La suave respuesta de Cliff tenía un final inconfundible.
—No.
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