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Capítulo 1291:
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«Hablaremos más de eso cuando lleguemos a casa», dijo Cliff, poniendo fin a la conversación por ahora.
Laney vio su oportunidad y rápidamente añadió: «Solo hablar, Cliff. Nada más. Todavía no estoy lista para perdonarte».
Cliff la estudió durante un largo momento antes de asentir levemente.
«Está bien. Solo hablar. Como quieras».
Abrió la puerta del pasajero, sacando una pequeña caja roja oscura del asiento antes de ayudarla a entrar.
Laney vio la caja y preguntó en voz baja: «¿Qué es eso?».
«Un regalo para ti», respondió Cliff con indiferencia.
Ella frunció el ceño y volvió la cabeza. No lo quería y no hizo ningún movimiento para abrirlo.
Después del caos de la noche —las discusiones, las emociones y la presencia dominante de Cliff—, Laney estaba completamente agotada. Mientras el coche se deslizaba por las tranquilas calles, ella se fue quedando dormida poco a poco.
Cuando llegaron, Cliff no la despertó. En cambio, la llevó con cuidado al interior y la acostó suavemente en el sofá. La cubrió con su abrigo, con un toque de ternura inusual en él.
El suave zumbido de su teléfono sacó a Laney de su profundo sueño. Aún aturdida, intentó responder.
«Laney, soy yo. ¿Estás bien?». La voz de Merrick se oyó, llena de preocupación y remordimiento.
Laney entrecerró los ojos ante la pantalla, esforzándose por enfocar.
—¿Quién es?
—Soy Merrick —dijo, con tono lastimero.
—¿No reconoces mi voz?
—Oh… Merrick —murmuró, con voz suave y somnolienta.
—Estoy bien.
Cliff rebuscó en el armario, seleccionando ropa limpia para Laney. Aunque se había preparado para ejecutar su plan hoy, la visión de su angustia lo hizo vacilar. Decidió esperar hasta que se le levantara el ánimo. De pie en la puerta del dormitorio de Laney, Cliff observó su figura dormida en el sofá del salón.
Las pruebas de su presencia en su vida estaban esparcidas por todas partes: debajo de su almohada y escondidas en los cajones. Descubrió fotografías, cartas escritas a mano y las pequeñas muestras de afecto que le había dado a lo largo del tiempo. Su corazón se apretó, preguntándose cuántas noches de insomnio había pasado ella estudiando detenidamente estos recuerdos.
Un alivio agridulce se apoderó de él, sabiendo que todavía ocupaba un lugar especial en su corazón. Sus dudas iniciales comenzaron a disolverse. Al pasar a la sala de estar, la levantó con tierno cuidado.
«Laney, vamos a asearte antes de que descanses».
Aún atrapada en la neblina entre el sueño y la vigilia, la mente de Laney se desvió hacia su reciente conversación telefónica.
«Estoy bien, Merrick. No te preocupes».
Ese nombre, Merrick, atravesó la conciencia de Cliff como una cuchilla.
«¿Quién?», preguntó, midiendo deliberadamente su voz.
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