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Capítulo 1279:
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«Puedo ocuparme de esto yo mismo. Deberías irte. Si alguien nos ve juntos a solas, podrían empezar los rumores».
Una ola de tristeza se apoderó de Cliff.
«Los rumores no me molestan».
Laney frunció el ceño.
«Bueno, a mí sí. Sigo pensando en casarme algún día».
Cliff no se inmutó ante sus duras palabras. Una pequeña confrontación parecía mejor que las noches inquietas pasadas anhelándola. Él preguntó: «¿Ya has roto con Merrick?».
Laney no tenía ningún deseo de compartir ninguna verdad con Cliff.
«No, no lo he hecho».
«Lleváis tanto tiempo juntos y nunca os he visto actuar como una pareja. ¿Cuál es el sentido de vuestra relación?». Cliff se sinceró.
Laney estaba molesta.
«¿Quién dice que no lo hacemos?».
«¿Qué has hecho exactamente?», replicó Cliff, envolviendo su cabello con una toalla seca y mirándola fijamente.
«Puede reservar treinta habitaciones diferentes en un mes, cada una con una mujer diferente, y ninguna contigo. ¿Qué clase de relación es esa?».
Laney se sorprendió.
«¿Cómo sabes todo eso?».
«He estado vigilando todos sus movimientos», dijo Cliff con una sonrisa burlona.
«Y también el tuyo».
Los ojos de Laney se abrieron de par en par, sorprendida.
«¿Con qué derecho me espías?».
Cliff respondió con calma: «Porque soy tu primo. Dijiste que éramos familia y que no debíamos tener una relación sentimental, así que solo estoy actuando en mi papel de familiar. ¿Es eso un problema?».
Laney sintió una oleada de ira, pero rápidamente se vio abrumada por una sensación de impotencia. Sabía muy bien cuánto le gustaba a Cliff tener el control.
Cliff la giró hacia él y empezó a secarle el pelo con un secador. Laney lo empujó, olvidando momentáneamente que solo estaba envuelta en una toalla, que luego se le resbaló. Jadeó de sorpresa, agarrándola rápidamente para volver a cubrirse.
Sin embargo, Cliff había visto involuntariamente más de lo que debía. Ese breve momento quedó grabado en su memoria. Habían pasado siglos desde la última vez que la había visto o tocado, pero el recuerdo de su suave piel seguía siendo claro.
Un anhelo silencioso e intenso fluyó dentro de Cliff, dejando a Laney sintiéndose expuesta.
Laney intentó alejarse, pero no pudo.
Cliff contuvo sus impulsos y decidió concentrarse en secarle el pelo.
En ese momento, la voz de Merrick resonó desde fuera.
«Laney, ¿estás lista?».
Laney aprovechó la oportunidad y respondió rápidamente: «Sí».
«Entonces, ¿por qué no estás aquí todavía?», preguntó Merrick mientras venía a abrir la puerta.
La expresión de Cliff se volvió sombría mientras cerraba rápidamente la puerta.
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