✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 1216:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Las pestañas de Laney se agitaron, pero no respondió.
Cliff la estudió, con una punzada de inquietud que le carcomía. Parecía tan destrozada, y le dolía más de lo que esperaba. En un raro momento de ternura, su voz se volvió casi suplicante. «Te compraré lo que quieras».
Laney no respondió. Su mirada se desplazó hacia el armario.
Siguiendo su línea de visión, Cliff se quedó paralizado.
Sobre el armario había una caja entreabierta que revelaba un brillante juego de joyas de diamantes.
Cliff se había olvidado de las joyas. Juliet se las había enviado para que él las aprobase como parte de sus planes de compromiso. No le había importado y las había dejado a un lado sin pensarlo dos veces.
—¿Te gustan? —preguntó Cliff con frialdad.
Los labios de Laney temblaron mientras una niebla nublaba sus ojos. Reconoció la marca: era un diseño personalizado, hecho específicamente para compromisos. «¿Se lo compraste tú?», preguntó con voz apenas audible.
Cliff evitó su mirada. «Si te gusta, haré que te hagan algo más bonito».
Laney se volvió hacia él con una mirada penetrante. «Responde a mi pregunta».
Cliff exhaló lentamente. —No me ocupé de los detalles de la boda. Juliet se encargó de todo. Ese juego es para el compromiso.
Su corazón se hundió y apretó los puños, hundiéndose las uñas en las palmas mientras luchaba contra la oleada de amargura. —Entonces, ¿me has estado mintiendo todo este tiempo? —dijo, con la voz temblando por la emoción contenida.
Cliff no respondió. En su lugar, se inclinó hacia delante e intentó levantarla.
—Ve a darte una ducha.
Pero Laney lo apartó de repente.
La fuerza inesperada lo hizo trastabillar hacia atrás, sorprendido por su repentina fuerza, o tal vez fue el alcohol lo que entorpeció sus reflejos. Sin perder un segundo más, Laney salió corriendo hacia la puerta. Cliff salió de su aturdimiento y trató de alcanzarla, pero tan pronto como su mano tocó su brazo, ella lo abofeteó con fuerza.
El sonido agudo resonó en la habitación. Cliff se quedó paralizado, con el rostro parcialmente oculto por las sombras, con una expresión oscura e inescrutable.
Laney se quedó allí, con la mano temblorosa. Nunca había golpeado a nadie, pero el dolor en su pecho le decía que ya era hora. Sin decir una palabra más, se dio la vuelta y salió.
Cliff permaneció inmóvil por un momento, con su ira hirviendo bajo la superficie. Cuando volvió en sí, ella se había ido.
Al darse cuenta de que se había ido sin zapatos, Cliff maldijo entre dientes y salió apresuradamente tras ella. Pero ella ya se había desvanecido en la noche.
Aún tambaleándose por el alcohol y su propia frustración, Cliff buscó a tientas su teléfono y llamó a Gerry. Su voz era aguda y urgente. «Encuentra a Laney. Ahora».
.
.
.