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Capítulo 1213:
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Kira, sorprendida por su tono severo, se quedó en silencio.
Juliet, consciente de la delicadeza de la situación, se llevó a Kira en silencio. Laney permaneció inmóvil, con la mirada fija en Cliff. Lo observó atentamente mientras se dirigía hacia ella.
Cliff se detuvo, miró a Laney y luego la sopa para la resaca que tenía en las manos. La había necesitado antes, pero ahora parecía innecesaria. «¿Por qué no me dijiste que venías?», preguntó.
Sus palabras no hicieron más que aumentar el dolor que se hinchaba en el corazón de Laney. ¿Por qué fueron esas sus primeras palabras en lugar de una explicación sobre sus acciones anteriores con Juliet? Pero entonces, ella descartó el pensamiento. Incluso si él se explicara, ¿cambiaría eso lo que había visto? Los había visto juntos, cercanos e íntimos cuando salían del ascensor. Las acciones hablaban más que las palabras.
Cliff no hizo ningún movimiento para explicarse. —¿Quieres ir a casa o a mi oficina? —preguntó con voz tranquila, como si el incidente no hubiera ocurrido—. No quiero desperdiciar la sopa que trajiste. Me gustaría tomarla mientras aún esté caliente.
Los ojos de Laney se enrojecieron y no pudo reprimir su pregunta. —¿Has estado demasiado ocupado para verme porque has estado con Juliet?
Cliff le tomó la mano, con el rostro inescrutable. —Hablaremos de esto cuando volvamos —dijo.
Por primera vez, Laney se resistió a su tacto. Retiró la mano, con la voz quebrada por las lágrimas contenidas. —No quiero esperar. Dímelo ahora.
Su voz, temblorosa por los sollozos, empezó a llamar la atención. La multitud circundante, todas figuras influyentes, empezó a notar el alboroto.
Cliff, consciente de su posición destacada, prefirió no montar un escándalo. «Laney, hablemos de esto con calma», dijo en voz baja, con irritación. «Por favor, ven conmigo».
Desafiante, Laney alzó la voz. «¡No lo haré!».
Su arrebato llamó la atención, incluida la de una pareja cercana. La mujer reconoció a Cliff y preguntó con curiosidad: «¿No es ese el Sr. Hopkins?».
La pareja se acercó, lo que llevó a Cliff a acercar a Laney, colocándola a su lado para protegerla. Los saludó con un ligero movimiento de cabeza. «Sr. y Sra. Cortez».
La mujer, Sharon Cortez, miró a la llorosa Laney y no pudo ocultar su intriga. «Sr. Hopkins, ¿quién es esta?».
Cliff respondió con suavidad: «Mi prima».
Laney se puso rígida, sintiendo un dolor agudo, como si su corazón se hubiera hundido en un abismo.
—¿Prima? —preguntó Sharon con escepticismo—. Conozco a tu madre desde hace años y nunca he oído que tuviera una sobrina.
—Rara vez nos visitaba —explicó Cliff rápidamente, sujetando la mano de Laney con un poco más de firmeza.
Al oír esto, las sospechas de Sharon se disiparon.
Tras unos cuantos intercambios más corteses, Sharon y su marido se marcharon.
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