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Capítulo 1199:
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Laney había sido la que había empezado, y Cliff encontró otra forma de satisfacer sus necesidades.
Después de que pasaron los momentos apasionados, los ojos de Laney estaban hinchados de tanto llorar. Se tumbó en sus brazos, inmovilizada por sus emociones, sollozando de vez en cuando. Se las arregló para preguntar: «¿Sigue Gerry fuera?».
Cliff le secó las lágrimas con delicadeza. —Antes de entrar, le envié un mensaje a Caden para que Gerry se fuera. Ya hace un rato que se ha ido. —Laney suspiró aliviada.
Cliff se acomodó. —Déjame ver si estás bien.
—Cliff, me duele.
Cliff sabía que estaba incómoda. Había notado que su piel estaba enrojecida, pero no se había detenido. Ahora, con la cabeza despejada, se arrepentía. Aprovechó el momento para preguntar: «Si fuéramos más lejos, podría doler más. ¿Crees que podrías soportarlo?».
La voz de Laney era suave. «Pero dicen que solo duele al principio y luego mejora».
«¿Dicen?»
«Los personajes del libro de cuentos».
Cliff se quedó sin palabras.
Después de aplicarle un poco de pomada, Cliff la abrazó mientras se quedaba dormida. Rara vez pasaban la noche juntos, y Laney estaba tan agotada que se quedó dormida rápidamente. Sin embargo, Cliff se quedó despierto, con el latido de su corazón sonando en el silencio. Se levantó con cuidado y salió al balcón a fumar.
Los pensamientos de Cliff se arremolinaban como el humo que exhalaba: infinitos, pero desvaneciéndose rápidamente en el aire nocturno. ¿A cuál debería aferrarse y a cuál debería dejar ir? Esta pregunta lo atormentaba.
Después de un momento, Cliff apagó su cigarrillo y sacó su teléfono para llamar a Juliet.
Juliet respondió con una risita perezosa. «¿De verdad llamas a esta hora?».
Cliff fue directo. «Hay algo que tenemos que discutir».
«Adelante», respondió Juliet.
Tras su sucinta explicación, Juliet preguntó pensativa: «¿De verdad lo has pensado bien?».
Cliff fue breve. «La decisión es mía, y yo soy quien asume los riesgos».
«Parece que me estás informando, no que lo estés discutiendo conmigo. ¿Y si dijera que estoy en contra?».
Cliff sabía que Juliet no se opondría. «Estarás de acuerdo», afirmó con rotundidad. «Los intereses de nuestras familias están vinculados y ninguno de los dos quiere problemas».
La risa de Juliet fue suave pero gélida. «Tu primo es bastante impresionante», dijo.
Cliff simplemente resopló.
Juliet sabía que no debía entretener ciertos pensamientos en voz alta. Además, Cliff había organizado las cosas para que ella no sufriera ninguna pérdida. Después de reflexionar un momento, dijo: «Está bien, me encargaré de los ancianos. Ahora, déjame dormir».
Cliff se enjuagó la boca y volvió a la cama.
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