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Capítulo 1165:
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A la mañana siguiente, Laney se subió al coche de Cliff, actuando como si nada hubiera ocurrido.
Cliff se dio cuenta de que estaba extendiendo una toalla sobre el asiento. «¿Te preocupa la suciedad? El coche se limpia todos los días».
Laney no lo creía. —No —murmuró con voz apenas audible—. Solo me preocupa que encuentres mi vestido infantil y te disguste.
Cliff contuvo una risita.
Aferrándose al cinturón de seguridad, Laney mantuvo la mirada baja. —Entendí lo que dijiste en la cena de ayer. No te preocupes. No te molestaré más.
—Explícame lo que quieres decir —dijo Cliff, mirándola.
La mano de Laney tembló ligeramente mientras susurraba: —Ya no sentiré nada por ti. Puedes celebrarlo.
El rostro de Cliff permaneció impasible. —Eso es imposible. Has abrochado tu cinturón de seguridad al mío.
Laney buscó torpemente cómo desabrocharlo y volver a abrocharlo correctamente.
Más tarde ese día, los ensayos se alargaron de nuevo. El estudio se había vaciado, pero Laney, como bailarina principal, tenía que trabajar más.
Mientras Laney seguía con su rutina, las palabras que le había dicho antes a Cliff resonaban en su mente. Había intentado provocar una reacción afirmando que lo había superado, pero él ni siquiera había reaccionado.
Sacudiendo la cabeza vigorosamente para despejar los pensamientos de ese hombre cautivador, Laney se concentró, se puso en punta y comenzó sus giros con renovada atención. Se perdió en la coreografía, moviéndose al ritmo de la música.
Cuando terminó, un poco sin aliento y de pie bajo las luces brillantes, bajó la mirada y allí estaba Cliff. Estaba allí, imponente y escultural, con la mirada fija en ella.
Las fuertes luces del escenario deslumbraron su visión, haciendo imposible leer si era admiración o algo más profundo lo que ardía en sus ojos.
Cliff extendió su mano hacia ella.
Como si fuera atraída por una fuerza invisible, Laney se movió hacia él.
Fiel a su estilo, su primera preocupación fue por su bienestar. «¿Te duelen los pies de tantas vueltas?».
Laney miró sus llamativos rasgos y sacudió la cabeza. «¿Qué te trae por aquí?».
«Para llevarte a casa».
Se acomodó en su regazo, apretándose contra él, olvidando el espacio personal como si incluso la más mínima separación entre ellos fuera insoportable.
Cliff la miró. Sus respiraciones se entremezclaron, pero su voz se mantuvo firme mientras preguntaba: «¿Es esta tu pieza para la competición del próximo mes?».
El corazón de Laney retumbaba en su pecho. «Sí. ¿Te ha gustado?».
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