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Capítulo 1159:
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El miedo se apoderó de Laney, con las extremidades pesadas mientras se cambiaba de ropa. Después de pensarlo mucho, eligió un atuendo que ocultara su cuello.
Aunque Cliff no era de los que metían prisa a la gente, la espera de diez minutos había mermado su paciencia.
Laney corrió hasta la puerta principal y divisó la silueta de Cliff en la distancia. Se detuvo para recuperar el aliento antes de acercarse a él con pasos vacilantes.
Hoy, Cliff llevaba una camisa de manga larga. El tejido oscuro amplificaba su presencia madura, sus rasgos afilados imponían respeto. Encarnaba tanto a un hermano mayor como a una figura paterna severa.
El malestar impidió a Laney mirarlo directamente a los ojos, pero su decepción seguía doliendo. «¿No estabas fuera de la ciudad? ¿Por qué has vuelto de repente?», preguntó, intentando parecer indiferente.
Los ojos de Cliff recorrieron su cuello, cubierto con fuerza. «No me fui de la ciudad», respondió con fría indiferencia. Sus breves palabras lo explicaban todo. Laney ansiaba preguntar por qué, pero no pudo reunir el valor. Sin duda, él diría la verdad: «Simplemente no quería verte. Me molestas». No podía soportar escuchar esas palabras. Seguramente le harían llorar.
Laney bajó la cabeza, con los labios formando un pequeño mohín.
«Anoche bebiste con el estómago vacío. Beber algo caliente ahora te calmará el estómago», dijo Cliff, conteniendo un suspiro.
Un sutil cambio se reflejó en la expresión de Laney. Se acercó a la sopa, fingiendo compostura.
—La caja pesa mucho. Te la subiré y, por cierto, te miraré el pie —dijo Cliff, esquivando su mano.
Laney dudó, no quería prolongar el tiempo que pasaban juntos. Puso una excusa. —Pero mi compañera de piso está allí. Es un inconveniente.
El teatro había asignado apartamentos individuales, pero el miedo de Laney a dormir sola por la noche la llevó a quedarse con Kailyn.
—¿Cuántas compañeras de piso hay? —preguntó Cliff.
—Una.
—¿La que te arrastró de vuelta cuando estabas borracha anoche? —Laney asintió.
—Me dijo adiós justo ahora cuando se fue. Entonces, ¿qué compañera de piso está arriba ahora? —Cliff desenmascaró su mentira sin piedad. Laney frunció el ceño, siguiendo a Cliff mientras subían las escaleras.
El vapor se elevaba de la sopa aún caliente. Cliff sirvió un tazón y lo dejó a un lado para que se enfriara.
Laney lo miró, que parecía delicioso. Su estómago vacío retumbó ante el apetitoso aroma.
«Espera un poco antes de comer. Está caliente», le indicó Cliff mientras se arrodillaba para quitarle los calcetines.
—¿Está recién hecha? —Laney parpadeó.
—Sí.
—Debe de haber llevado mucho tiempo hacer la sopa. La ama de llaves se levantó muy temprano.
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