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Capítulo 1115:
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Sacudiéndose el encuentro, Cliff se fue a la ducha.
Alicia sugirió que fueran a montar a caballo. «¿Vas a montar?», le preguntó a Caden con indiferencia. «Si quieres montar, podemos ir juntos. Si no, cogeré un caballo más pequeño».
La respuesta de Caden fue indiferente. «Me vale cualquiera».
Alicia se estaba cansando de esa frase: «Me vale cualquiera».
¿Cualquier cosa? ¿Qué tal algo absurdo?
Decidida, Alicia fue a buscar un caballo pequeño.
Pero Caden fue más rápido, eligió el caballo más grande y la subió a él por la cintura. «Agárrate fuerte». Le indicó que sujetara las riendas con firmeza, pero mantuvo sus manos sobre las de ella.
Alicia apretó el agarre como se le había indicado, sintiendo los costados del caballo contra sus muslos.
Caden saltó entonces detrás de ella, presionando contra su espalda.
A pesar de su anterior desacuerdo, ambos eran demasiado orgullosos para reconocer cualquier tensión subyacente, actuando en su lugar como unos cariñosos recién casados. Alicia se acurrucó en el abrazo de Caden, y él rodeó su cintura con el brazo, rozando sutilmente su mano con la suya, creando una atmósfera cargada pero controlada.
«Encuentra una posición cómoda», le indicó Caden sobre cómo sentarse correctamente en el caballo.
Alicia se ajustó ligeramente. Al estar tan cerca, rozó inadvertidamente la entrepierna de Caden, pero él no se apartó.
En cuestión de segundos, la reacción de Caden fue evidente.
Caden respiró hondo, esforzándose por controlar su reacción.
Alicia comentó con indiferencia: «Parece que el tratamiento es bastante eficaz».
Caden empujó suavemente al caballo para que trotara.
El movimiento repentino hizo que Alicia se sobresaltara ligeramente, y un rubor se extendiera desde su cuello hasta sus mejillas. Ella apretó su agarre en el brazo de Caden, pellizcándolo juguetonamente.
Caden, acostumbrado a este tipo de interacción, sabía que ella solía pellizcarlo cuando se sentía contenta. Sonrió, con un toque de picardía en su tono. «Solo sabremos realmente lo efectivo que es a través de pruebas prácticas. Para estar seguros, tal vez debería completar tres cursos más».
Caden le había enseñado a Alicia a montar a caballo.
Alicia no tardó en dominar las riendas, pero controlar a Caden, situado detrás de ella, sobre todo con su erección, resultó más complicado.
Caden marcaba el ritmo, guiando al caballo libremente por el campo. Mientras cabalgaban, Alicia se vio acorralada sin poder escapar, obligada a aceptar. El viento la azotaba, su corazón se aceleraba mientras un calor se extendía por su cuerpo.
Intentó moverse hacia delante.
Cada vez, Caden la empujaba contra él, aumentando su incomodidad. «Deja de moverte», dijo con tono agudo y autoritario. Parecía como si ella fuera la culpable.
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