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Capítulo 1110:
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Cliff no dio señales de ceder. Se concentró en ajustar las riendas, calmando con tranquilidad al caballo y preparándose para la llegada de otros visitantes. Alicia notó la reticencia de Cliff, pero decidió no insistir. En su lugar, decidió enseñar a Gemma a montar ella misma.
Cliff sabía que no podía dejar las cosas como estaban. Si algo le sucedía a Alicia y Gemma, Corey y Caden lo harían responsable.
Cliff marcó el número de Caden. «¿Qué haces hoy?».
Caden estaba libre, sus pensamientos vagaban hacia Alicia. Aunque Alicia había salido para consolar a Gemma, Corey también estaba allí, y Caden no pudo evitar preguntarse cuáles eran las intenciones de Corey. «¿Necesitas algo?», preguntó Caden.
Cliff le resumió rápidamente la situación.
Caden respondió sin dudar: «Gemma y Corey son dos asuntos diferentes. Gemma es cercana a Alicia y tiene una afección cardíaca. Definitivamente necesita un instructor competente».
Cliff añadió con significado: «Alicia está aquí, así que ¿por qué no estás tú? Corey parece bastante cómodo con tu esposa».
Caden se quedó en silencio. Terminó la llamada abruptamente y se dirigió directamente al club ecuestre.
Al salir, Caden se encontró con un médico.
—Señor Ward, su medicina —dijo el médico, entregándole una bolsa. Este médico era el asistente de un conocido facultativo al que Alicia había consultado para que le recetara un tónico diario, que este mismo asistente preparó y envió a Caden.
Normalmente, Hank se encargaba de la entrega. Caden solía verterlo y mostrarle a Alicia un frasco vacío como prueba falsa de que se lo había tomado. Hoy, sorprendido por el asistente, Caden no pudo deshacerse de él y, en cambio, se lo llevó con indiferencia.
«Señor Ward, acuérdese de beberlo», le gritó el asistente. Caden no respondió y siguió su camino.
Mientras tanto, el club estaba lleno de actividad.
Gerry, que estaba filmando cerca y sabía que Alicia estaba allí, decidió visitarla durante un descanso.
La naturaleza relajada de Gerry no había cambiado con los años. Sus películas rara vez dejaban huella, y a menudo resultaban en pérdidas financieras.
Alicia preguntó: «¿No prometiste trabajar duro y demostrar algo a tu familia para no necesitar más el dinero de tu padre?».
Gerry respondió con seriedad: «Puede que aún no haya triunfado, pero la verdad es que no he cogido dinero de mi padre».
«Entonces, ¿quién financia tus películas?».
«Bueno, mi hermano abrió este club, ¿verdad? Todo lo que gana, yo lo gasto. Si gasto más de lo que gana, él echa mano de sus ahorros para cubrir la diferencia».
Los labios de Alicia se crisparon. Qué forma tan fraternal de apoyarse mutuamente.
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