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Capítulo 1051:
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Alicia, sentándose en su regazo, preguntó suavemente: «¿Debería ir contigo?».
Caden descartó rápidamente la idea, diciendo: «Terrilandia es caótica. Las cosas que son ilegales aquí son legales allí. No estaría tranquilo».
Él acarició tiernamente su rostro, añadiendo sinceramente: «Estaremos separados durante una semana, y no parece que quieras que me quede en absoluto».
Alicia soltó una risa seca y dijo: «Es solo una semana, no un año. Sr. Ward, ¿quién dijo que el amor es solo una especia de la vida? ¿Quién dijo que uno no debería ser demasiado sentimental?».
Caden replicó: «Solo un tonto diría eso».
«Sí, Sr. Tonto».
Alicia decidió dejar su trabajo por esa noche y llevó a Caden al aeropuerto.
Fuera de su casa, Caden no era de los que se aferran a Alicia, por mucho que le costara dejarla ir. En el control de seguridad, tras una rápida despedida, Caden le dijo a Alicia que debería irse a casa.
Pero Alicia se limitó a sonreír y le dio un tirón juguetón al dedo. «Vete, esperaré a que termines antes de irme».
Sus palabras hicieron que a Caden le costara aún más marcharse, pero tenía cosas más importantes de las que ocuparse. Asintió con la cabeza y se dio la vuelta para irse.
Dentro, Hank se ocupaba del papeleo mientras Caden buscaba un sitio en un restaurante. Caden no tenía hambre, así que se limitó a pedir un café y a intentar matar el tiempo.
A una hora de su vuelo, Caden se sentó allí, esperando. El café tardaba una eternidad.
Caden miró el reloj, dispuesto a preguntar por él, pero cuando levantó la vista, Alicia caminaba hacia él con dos tazas de café. Pensó que lo estaba imaginando y se quedó paralizado durante unos segundos.
Alicia dejó el café frente a él y le sonrió. —¿Qué pasa? ¿No me reconoces?
Caden sí la reconoció, pero no podía creer lo que veía. —¿Cómo has entrado aquí?
Alicia mostró una tarjeta de embarque con una sonrisa inocente. —Compré un billete. Solo quería pasar un poco más de tiempo contigo.
Caden sintió un calor en el pecho y le sonrió. Alicia tenía esa forma de hacer pequeñas cosas románticas, y cada vez, se sentía como una experiencia completamente nueva. El costo de un boleto de avión no importaba, pero la consideración que Alicia mostró no tenía precio. Esa media hora extra se quedaría con Caden durante días en Terriland, un recuerdo que conservaría.
Caden movió su silla para hacer espacio para que Alicia se sentara a su lado.
Alicia le advirtió: «Hay gente alrededor, así que nada de tonterías».
Caden asintió obedientemente. «Está bien, solo un abrazo entonces». Era la misma mentira que Caden le había contado a Alicia innumerables veces antes. Ella sabía que no era verdad, pero caía en la trampa cada vez.
¿Cómo podría él seguir siendo obediente? Con su esposa en sus brazos, no había forma de que Caden pudiera simplemente abrazarla sin llevar las cosas más lejos.
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