✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 93:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Levantó la vista y se encontró con la amable mirada del médico, pero Sofía no podía hablar por el nudo que tenía en la garganta. Por fin comprendía por qué había dudado en contarle a Roma lo de su embarazo: en el fondo, siempre había deseado ese hijo. Si Roma se enteraba, se convertiría en un asunto que la afectaría no sólo a ella, sino a toda una familia, incluso a todo un clan.
Y Roma ciertamente no querría esto. Aunque su abuelo estaría encantado, si ella se quedaba con el niño, éste vendría al mundo sin la acogida de su padre. Crecer en ese ambiente, ¿qué clase de vida sería?
El bebé utilizaba su propia manera de decírselo: estaba sano, crecía dentro de ella, le pedía que no se rindiera. Las lágrimas que había estado conteniendo cayeron finalmente, derramándose como un collar de perlas rotas.
Con los ojos enrojecidos, cogió el pañuelo que le ofrecía el médico. Por fin habían aflorado sus verdaderos sentimientos: no quería renunciar a este niño.
Pero con su matrimonio, su trabajo y sus finanzas, ¿cómo se las arreglaría? Una tormenta de preguntas y pensamientos se agolpaba en su mente. Tal vez podría vender algunos bienes o utilizar los fondos que le había dejado su abuelo, pero estar en Italia limitaba sus opciones.
«Querida, no quiero que te arrepientas, especialmente cuando estás tan emocional ahora».
Sofía negó rápidamente con la cabeza. Aún no tenía ni la capacidad ni la confianza necesarias para mantenerse a sí misma y al bebé, pero tampoco se atrevía a poner fin a esta vibrante vida.
Se sentía atrapada entre dos opciones imposibles.
Al notar su vacilación, el médico sugirió: «¿Qué tal si posponemos la intervención tres días? Tómate un tiempo para pensarlo en casa».
Con la foto de la ecografía en la mano, Sofía salió del hospital. Por el camino, no dejaba de hacerse preguntas: ¿Tenía sentido retrasar tres días más un desenlace inevitable? La lógica le decía que era poco probable encontrar una solución tan pronto, pero ¿y si ocurría un milagro?
De repente, se le ocurrió una idea. Con las manos temblorosas, Sofía abrió su teléfono, se desplazó hacia arriba y encontró la nota que el abuelo Greyson había escondido en un cuadro hacía mucho tiempo…
Quizá debería arriesgarse e intentar ir allí.
La dirección de la nota estaba en una ciudad costera francesa llamada Niza. Sofía no encontró ningún vuelo directo, así que, en vez de conducir, optó por coger el tren.
Compró un billete para el tren de las 7.10 de la mañana del sábado, con un transbordo en el trayecto. Tras el transbordo, llegó a esta histórica ciudad de la Costa Azul a las 12.11 horas.
La temperatura era suave, unos diez grados centígrados, y el sol seguía brillando con fuerza, pero un fuerte viento le hizo subirse la capucha del abrigo.
Siguiendo las indicaciones de su teléfono, dobló una esquina y llegó frente a un clásico edificio de estilo europeo de color amarillo pálido. De pie ante la gran puerta de hierro negro, comprobó cuidadosamente que la dirección coincidía con la que tenía en la mano.
Quizá su capucha y la forma en que se quedó allí la hicieron parecer sospechosa, porque un hombre mayor, de unos ochenta años, salió de detrás de la verja y se acercó a ella. Hablaba en francés, pero Sofía adivinó su significado cuando le preguntó: «¿A quién busca?».
Sintiéndose un poco incómoda, Sofía se dio cuenta de que la nota no mencionaba ningún nombre. El anciano estaba de pie detrás de una verja de hierro decorativa, su expresión seguía siendo cautelosa, aunque menos. Probablemente vivía en el edificio y podría tener alguna pista sobre lo que ella buscaba.
.
.
.