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Capítulo 44:
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La puja estaba a punto de comenzar, con un precio de salida de 1,69 millones de dólares.
A Sofía se le aceleró el corazón. Independientemente de quién hubiera puesto el reloj a la venta, tenía que recuperarlo hoy mismo. Si alguien ofrecía un precio más alto, sería casi imposible recuperarlo. Pero ahora no tenía tanto dinero. Incluso si el Sr. Davis estaba dispuesto a ayudar, ella tendría que obtener el permiso del abuelo Daniel o Roma en primer lugar.
Sin dudarlo, marcó el número de Roma. Le temblaban las manos mientras el teléfono sonaba y sonaba. Esperaba desesperadamente que contestara. Cada segundo parecía una eternidad y ya había gente en la sala levantando las palas.
«Sofía, ¿qué está pasando?» preguntó Jack, notando la tensión en su rostro mientras agarraba con fuerza su teléfono y no dejaba de mirar el reloj. «¿Estás intentando pujar por ese reloj?»
Roma sigue sin responder. Le temblaba la voz mientras luchaba contra las lágrimas. «Sí, ese reloj perteneció a mi abuelo Greyson Keller. No puedo perderlo…»
Subastador: «La oferta actual es de 2,2 millones.»
Bastantes personas en la sala mostraban interés por el reloj, y las pujas ya habían superado el precio de salida en un 30%.
Jack apretó los labios, con semblante serio.
«El número que ha marcado…» Sofía oyó la voz automatizada que le informaba de que la llamada no podía conectarse.
Estaba perdida, completamente aterrorizada.
«2,4 millones.»
«Jack…» Sofía se sorprendió. La voz que acababa de oír era la de Jack: había levantado una paleta y se había unido a la puja. «No te preocupes, te ayudaré a conseguirlo hoy». Había tomado prestada la paleta de su amigo para participar.
Aunque Sofía no había pedido ayuda directamente al Sr. Davis, éste estaba a punto de intervenir, sabiendo que se trataba de su familia. Sin embargo, como su sobrino actuó primero, decidió dejárselo a Jack.
La puja continuó. Con cada aumento, la ansiedad de Sofía crecía. No sólo le preocupaba conseguir el reloj, sino también si esto supondría una carga financiera para Jack.
«Tres millones».
La sala se llenó de jadeos.
Subastador: «¡Tenemos una puja de tres millones! Gracias por su contribución a la caridad».
El postor que hizo la puja de tres millones parecía decidido, igualando constantemente todas las demás pujas. Al final, sólo quedaban él y Jack. Sofía sacudió desesperadamente la cabeza hacia Jack, indicándole que se detuviera. Temía que el reloj estuviera fuera de su alcance y decidió que tendría que encontrar otra forma más tarde.
Pero Jack mantuvo la calma. Le dio unas palmaditas tranquilizadoras en el brazo y llamó a alguien que parecía un ayudante, le susurró unas palabras y esa persona se acercó al hombre que había pujado tres millones.
Sofía no tenía ni idea de lo que Jack estaba planeando. Después de un momento, Jack volvió a levantar la paleta. «3.2 millones.»
¿3,2 millones de dólares?
Sofía miró ansiosa al pujador anterior, pero éste no levantó la paleta. En cambio, miró a Jack, sonrió y le hizo un gesto para que procediera.
Podría ser…
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