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Capítulo 12:
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El coche se sumió en un pesado silencio.
Sofía rompió el hielo. «Gracias por lo de antes».
La mirada de Roma se posó en su dedo anular vacío, con una inexplicable frustración brotando de su interior.
Al notar su mirada, Sofía bajó la vista, confusa.
«¿Has perdido el anillo?», preguntó.
«No, me lo dejé en casa», respondió Sofía, sin darse cuenta de que a Roma le disgustaba su falta de alianza.
«Eres un miembro de la familia Beckett. Deberías cuidar tu imagen cuando sales».
Sofía pensó que se refería a la escena con el hombre de antes. «No conozco a ese tipo de nada. Sólo había salido a tomar algo con mi amigo».
«Si no puedes manejar el alcohol, deberías tener más cuidado».
Sofía estaba desconcertada por cómo él sabía que ella no podía aguantar el alcohol. «No pasa nada, mi amigo me estaba cuidando». Roma permaneció en silencio.
Sofía se volvió para mirar por la ventana, pero al moverse, la chaqueta del traje se deslizó por su hombro. Intentó subírsela, pero de repente le tiraron de la mano, acercándola a él. La chaqueta cayó.
La respiración se le quedó entrecortada cuando los ojos profundos e ilegibles de Rome se clavaron en los suyos y el espacio que los separaba se redujo. Sus dedos rozaron suavemente su mejilla, tan suaves y cálidos.
En aquel espacio reducido, todas las sensaciones se intensificaban, provocándole un ligero escalofrío.
Entreabrió los labios, como si quisiera decir algo, pero no le salió ninguna palabra.
Los ojos de Roma se clavaron en sus jugosos labios rojos, una oleada de deseo le recorrió por dentro.
La tensión entre ellos aumentó.
Resistiendo el impulso de besarla, le rozó los labios con su áspero pulgar, como si su tacto pudiera sustituir al beso que tanto anhelaba. La áspera sensación le recorrió el cuerpo y el corazón le latió con fuerza.
«¿Roma?» Su suave voz le devolvió a la realidad.
Para entonces, el coche había entrado en el garaje subterráneo. Su expresión se ensombreció brevemente antes de soltarla y salir del coche con pasos rápidos y decididos.
Sofía se quedó paralizada durante varios minutos antes de volver a la realidad. Se tocó los labios con las yemas de los dedos, dándose cuenta de que en ese momento de cercanía con él, en realidad había anticipado un beso.
Tras ver marchar a Sofía, Luna no perdió la oportunidad de bombardearla a mensajes. Canalizó todas sus preguntas en mensajes de texto.
Así que cuando Sofía desbloqueó su pantalla, vio 20 mensajes de Luna. La mayoría preguntaban cómo se conocieron ella y Roma y cuándo se casaron. Sin embargo, los últimos mensajes eran los más llamativos:
[Salisteis del bar hace menos de una hora, y la noticia de vuestro matrimonio ya corre como la pólvora en el círculo].
[¡Es realmente chocante! ¡La supuestamente inalcanzable Roma se casó tan de repente! Si no fuera por el accidente de hoy, ¿cuánto tiempo pensaba mantenerlo en secreto?]
[¿Pero sabes lo horribles que son las habladurías? La gente dice que debes haber usado algún truco para obligar a Roma a casarse contigo.]
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