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Capítulo 99:
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En el instante en que el hombre vio a Jeremy, se le fue todo el color de la cara. Las rodillas le fallaron y cayó al suelo. Con voz temblorosa, suplicó: «Sr. Graham, lo juro, no tenía ni idea de que ella estuviera con usted. Lo siento, ¡no era mi intención hacerle daño!».
Jeremy ni siquiera le dirigió una mirada. Con un perezoso movimiento de muñeca, hizo una señal a sus guardaespaldas, quienes inmediatamente se llevaron al hombre como si no fuera más que basura.
Dewitt se acercó a Kayla con paso firme, con un tono de preocupación en la voz. «Kayla, ¿estás bien?».
Ella logró asentir con firmeza, haciendo todo lo posible por parecer tranquila. «Sí. Estoy bien».
Dewitt apretó la mandíbula. «Es culpa mía. Debería haberles dicho que eres amiga mía. Ya le pondré en su sitio a ese idiota más tarde; está claro que no sabía con quién estaba tratando».
Kayla se quedó en silencio, con la mirada fija en Jeremy mientras este se acercaba con aire despreocupado y se sentaba a su lado, tan tranquilo como siempre.
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Bajó la voz y le susurró un «Gracias».
Las palabras flotaron en el aire. La mano de Jeremy se detuvo, suspendida sobre su vaso, pero no respondió.
En el salón, todo el mundo ya había atado cabos. Para que Jeremy interviniera, estaba claro que Kayla era alguien a quien apreciaba.
Los invitados comenzaron a levantarse de sus asientos, acercándose a Kayla con bebidas en la mano. Le aseguraron que un refresco o un zumo estaban bien. Nadie quería perder la oportunidad de ganarse el favor de Jeremy.
Sin muchas opciones, Kayla esbozó una sonrisa cortés y levantó su vaso un par de veces, deseando en silencio que las formalidades terminaran.
Apenas intercambió más que unas pocas palabras con Dewitt o su círculo antes de que la conversación derivara en temas de negocios que apenas le interesaban.
Aprovechando la oportunidad, Kayla se excusó discretamente y se escabulló por el pasillo hacia el baño. Dentro, se entretuvo junto al lavabo, dejando que el agua fría le corriera por las manos. Desde el otro extremo de la sala alicatada, llegaban voces: dos mujeres cotilleando mientras se acicalaban frente al espejo.
Ambas iban vestidas de punta en blanco, con faldas ajustadas y casi inexistentes, capas de maquillaje llamativo y una nube de perfume empalagoso. Se apiñaban ante el espejo, aplicándose otra capa de brillo de labios y retocándose las pestañas postizas.
Una de las mujeres soltó un suspiro agudo y teatral. «¿La has visto esta noche? Actúa como si fuera la dueña del lugar. De verdad cree que ya es la esposa de Jeremy».
Kayla se quedó paralizada, con las manos suspendidas en el chorro de agua, que le corría por los nudillos. Su compañera, una mujer con un llamativo vestido azul, chasqueó la lengua. «Siempre ha sido así. ¿Te acuerdas del colegio? Siempre necesitaba ser el centro de atención. Esta reunión no es más que otra excusa para presumir de Jeremy. Marley, tu hombre dirige toda una empresa, y tú no te comportas así».
Marley Hayes se sacudió el pelo con una mueca de desprecio. «Eso es porque nosotras tenemos clase de verdad. Ella no es más que una tonta que busca llamar la atención».
La mujer de azul soltó una carcajada. «Vámonos.
Quizá nos monte otro numerito».
Se alejaron con paso firme, haciendo resonar los tacones por el pasillo. Kayla se quedó junto al lavabo, con el rostro impenetrable, pero apretando ligeramente la mandíbula.
No hacía falta ser adivino para saber de quién estaban hablando: Zoe. Cuando Kayla se dirigía a coger su bolso para marcharse discretamente, casi choca con un grupo que doblaba la esquina.
Al frente estaba la propia Zoe. Se detuvo, entrecerrando los ojos con sorpresa. «¿Kayla? ¿Qué demonios haces aquí?»
Kayla le devolvió la mirada, fijándose en las mujeres a ambos lados y reconociendo inmediatamente a las dos chismosas del baño.
Sus cuerpos se tensaron en cuanto apareció Kayla. Marley palideció mientras se pegaba a Zoe. «Un momento, ¿vosotras dos os conocéis?»
Zoe cruzó los brazos, con la nariz en alto. «¿Que si la conozco? Solía vivir a costa de mi familia hasta que la pillamos robando. La echamos a la calle».
Una delgada sonrisa burlona se dibujó en los labios de Kayla, aunque sus ojos permanecieron gélidos. Toda la escena le trajo a la memoria aquel viejo recuerdo: todos la habían culpado a ella, pero la verdadera ladrona había sido Zoe, que había tergiversado la verdad con una facilidad pasmosa.
Las amigas de Zoe se giraron de golpe para mirar a Kayla con desprecio, con expresiones rebosantes de desdén. «¿En serio? ¿Es una ladrona? Zoe, no puedes confiar en alguien como ella», se burló una de ellas.
Zoe soltó una carcajada. «¿Confiar en ella? Ni de coña».
Imperturbable, Kayla ladeó la cabeza y esbozó una sonrisa delicada y cómplice. «¿O tal vez solo tenéis miedo de que repita lo que escuché en el baño? ¿Algo sobre que el novio de Zoe es imaginario y que ella actúa como una tonta que busca llamar la atención?»
Las palabras cayeron como una bofetada. Marley y su pandilla palidecieron como fantasmas, apresurándose a borrar sus huellas. «¡Eso es mentira! Nunca dijimos nada de eso. ¡Se lo está inventando!»
La mirada de Zoe se endureció mientras observaba a sus supuestas amigas. Sabía exactamente lo que pensaban en realidad: ninguna creía que Jeremy fuera realmente suyo. Quizá era hora de demostrarles por fin que se equivocaban.
Kayla soltó una risa suave, casi burlona. «Lástima que no lo grabara en vídeo. Habría sido todo un placer reproducirlo».
Marley, nerviosa, agarró a Zoe del brazo, con voz desesperada. «No la hagas caso, Zoe. Sabes que nunca hablaríamos a tus espaldas».
En ese momento, Zoe vio a Edwin dirigiéndose hacia la sala VIP. Su rostro se iluminó como si hubiera encontrado una vía de escape. Se volvió hacia Kayla y le espetó: «Espera aquí. Voy a invitar a Jeremy a que se acerque».
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