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Capítulo 84:
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Un silencio invadió la habitación, y cada paso de Jeremy atravesaba el silencio con una claridad inconfundible.
Apretada contra la estantería, Kayla apenas podía respirar. Su corazón latía con fuerza, y cada latido amenazaba con delatar su escondite mientras la sombra de él se acercaba con cada paso mesurado.
Jeremy se tomó su tiempo, recorriendo metódicamente con la mirada cada centímetro del espacio antes de detenerse en el borde de la estantería.
De repente, se detuvo, sacudiendo unas gotas de la partitura que sostenía. «¿Vas a salir por tu cuenta o tengo que venir a sacarte yo mismo?».
Kayla contuvo la respiración, paralizada: sin el valor suficiente para responder ni la audacia para revelarse.
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Esta noche, Jeremy no parecía tener prisa; su paciencia tenía un matiz casi depredador. Se demoró, dejando que el silencio se hiciera denso, y luego volvió a hablar. «Tuviste el descaro de colarte en mi habitación y tocar mi piano, pero ¿ahora ni siquiera te atreves a mostrarte?».
Tras unas cuantas respiraciones entrecortadas, Kayla reunió su valor. Cerró los ojos con fuerza durante un instante y luego salió de su escondite, moviéndose con la torpe rigidez de alguien que intenta desesperadamente pasar desapercibido.
En ese momento, la voz de Edwin rompió la tensión. «¡Sr. Graham, noticias urgentes!».
Sin pensarlo dos veces, Kayla se escabulló de nuevo detrás de la estantería, desapareciendo una vez más.
Jeremy, al vislumbrar su retirada, no pudo ocultar el destello de irritación en sus ojos.
«¿Sr. Graham?». Los persistentes golpes de Edwin sacudían la puerta, negándose a ser ignorados.
A regañadientes, Jeremy se dio la vuelta y salió de la habitación.
Al ver su oportunidad, Kayla no perdió el tiempo. Abrió la ventana y se asomó, con cuidado de no hacer ruido.
Mientras tanto, Edwin transmitió su mensaje en la puerta. «Tu padre insiste en que acompañes a Zoe a casa esta noche. Si te niegas, hará que se quede aquí como tu invitada». No existía universo en el que Jeremy permitiera que Zoe pasara la noche en la villa.
«Espera». Al volver al interior, Jeremy se fijó en el hueco que había detrás de la estantería. La ventana abierta no dejaba lugar a dudas: su misteriosa pianista ya se había escabullido.
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