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Capítulo 68:
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Exactamente a las 7:30, justo cuando el guardia de seguridad se disponía a cerrar por la noche, Kayla salió del edificio justo a tiempo.
Él le dedicó una sonrisa amable y paternal. «Si alguna vez vuelves a trabajar hasta tarde, avísame con antelación. No querría que te quedaras encerrada dentro».
«Gracias, señor», murmuró Kayla al salir al aire de la tarde.
Con una sonrisa cómplice, el guardia señaló hacia la acera. «Tu marido lleva ya un buen rato esperándote ahí fuera».
Kayla se detuvo al ver a Liam salir de su coche con un ramo de flores frescas en los brazos.
No se movió, con el rostro impasible mientras lo observaba en silencio. Esa noche, Liam no se parecía en nada a su imponente yo habitual. Los rasgos más duros de su presencia se habían suavizado, dejando tras de sí solo una tranquila dulzura.
Por un fugaz instante, Kayla se vio transportada a sus días de colegio: recuerdos de Liam esperándola fuera del aula cada tarde, siempre con un brillante ramo de flores en las manos. Sus amigas la miraban con envidia, susurrando que debía de ser la chica más afortunada del mundo por tener a alguien tan atento a su lado.
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Tras la universidad, Liam había ido en contra de los deseos de Janiya e insistido obstinadamente en casarse con Kayla. Por aquel entonces, sus compañeros de clase no paraban de elogiar lo buen partido que era: un chico de oro que parecía tenerlo todo.
Cuando Liam se acercó, Kayla se sacudió la neblina de la nostalgia. Los recuerdos eran dorados, casi demasiado brillantes para soportarlos, pero esa felicidad pertenecía a otra vida. No había vuelta atrás.
» —Kayla, enhorabuena por tu nuevo trabajo. Te he traído esto —comentó Liam, con voz cálida mientras le tendía el ramo con una sonrisa esperanzada.
Kayla se negó a coger las flores. Su tono era gélido cuando le exigió: «Liam, ¿qué estás haciendo? ¿De verdad estás montando otro espectáculo?».
«Solo quería recogerte del trabajo, eso es todo». Su sonrisa vaciló, aunque intentó forzar la sinceridad en su voz.
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