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Capítulo 41:
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La tristeza grabó profundas arrugas en el rostro de Marsha mientras no perdía tiempo en lanzarse a su sermón. «¿Qué te pasa, Kayla? Liam es un marido maravilloso. ¿Por qué demonios lo dejarías?»
Un peso frío oprimió el pecho de Kayla. Lanzó una mirada fulminante a Liam. «¿Qué le has dicho, Liam? ¿Has metido a mi abuela en esto a propósito?».
Con los ojos muy abiertos y sereno, Liam parecía la viva imagen de la inocencia. «Kayla, no compliques tanto las cosas. Vamos a casa, ¿vale? La noticia del divorcio ha destrozado a Marsha. Solo quiere que arreglemos las cosas».
La incredulidad nubló el rostro de Kayla. «Increíble. ¿Así que este es tu nuevo nivel de bajeza, Liam? ¿Traer a mi abuela aquí para hacerme sentir culpable y que me quede? Nunca dejas de sorprenderme».
Un profundo suspiro escapó de los labios de Liam, pero su expresión se mantuvo amable. «Eso no es justo, Kayla. Marsha es familia. Se merece saber lo que está pasando, y lo único que quiere es que seamos felices juntos».
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Kayla enderezó los hombros, con un tono inflexible. «Este divorcio se va a celebrar hoy. Nada va a hacerme cambiar de opinión».
«¡Ni hablar!», espetó Marsha, alzando la voz con feroz determinación.
La impotencia se apoderó de Kayla, al darse cuenta de que Liam había traído descaradamente a Marsha solo para obligarla a ceder.
Haciendo todo lo posible por mantener la calma, Kayla buscó la paciencia. «Abuela, necesito que te mantengas al margen de esto. Déjame terminar primero con el divorcio. Podemos hablar de todo lo demás después, te lo prometo».
«¿De qué más hay que hablar? Liam no ha sido más que bueno contigo. Me dijo que has estado triste últimamente, pero eso no es excusa para tomar una decisión tan imprudente. ¿Tienes idea de cuánto puede dañar la reputación de una mujer un divorcio?», dijo Marsha, descartando la idea con un gesto de la mano.
Años de tradición habían moldeado la forma de pensar de Marsha, y Kayla sabía que había pocas esperanzas de hacerla cambiar de opinión. En el mundo de Marsha, el divorcio era un escándalo que condenaba a una mujer al chisme y a la soledad.
Armándose de valor, Kayla se mantuvo firme. «Abuela, tú no lo sabes todo. Liam y yo hemos terminado. No hay nada que arreglar».
Interviniendo, Liam lo intentó de nuevo, fingiendo estar herido. «Cariño, si esto es por mi secretaria, la despediré a primera hora de mañana. No hagas esto por algo tan insignificante, por favor».
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