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Capítulo 35:
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Dentro del centro de cuidados, Marsha comía en su habitación. Frente a ella, la cuidadora le hacía compañía.
Kayla se quedó de pie en la puerta, con la mirada fija en su abuela. Oleadas de dolor la inundaban, pesadas e implacables.
Si Jeremy no hubiera intervenido esta noche, no sabía qué le habría pasado a su abuela.
Últimamente, Marsha entraba y salía de su estado, con los pensamientos vagando como globos sueltos, a veces desapareciendo por completo.
«¡Kayla!». Una ráfaga de pasos resonó por el pasillo, y Liam irrumpió por la puerta, con el pecho agitado y la preocupación grabada en su rostro. «Lo siento mucho. Algo urgente me ha hecho salir corriendo. Nunca imaginé que Marsha se iría del parque mientras yo no estaba».
Sin previo aviso, la palma de Kayla le dio una bofetada en la mejilla. El dolor fue inmediato y agudo.
Mientras el calor se extendía por su rostro, Liam se estremeció, aturdido por la fuerza de su ira.
Con la mano aún temblando, Kayla lo miró con ira. «Liam, se acabó. No puedo seguir con esto. Lo nuestro ha terminado».
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El rubor se extendió por su mejilla mientras Liam la miraba, con la desesperación colgada de sus palabras. «Kayla, por favor. Sé que te he decepcionado, pero te prometo que no volveré a perder de vista a Marsha. Solo dame una oportunidad más».
La voz de Kayla era gélida. «Admítelo. Dejaste sola a mi abuela porque querías estar con Tricia. Si la deseas tanto, acaba con nuestro matrimonio y sácalo de en medio. Nada te lo impide».
Un frenético movimiento de cabeza acompañó la súplica de Liam. «No, te equivocas. No hay nada entre Tricia y yo. Solo me importas tú. Eres mi esposa».
«¡Basta!», exclamó Kayla cruzando la habitación a zancadas, cogió una pila de papeles y se los lanzó. «Jeremy firmó el contrato. Me prometiste que, en cuanto consiguiera este contrato, lo terminaríamos».
Paralizado, Liam se quedó inmóvil, mientras la realidad se le iba calando como una ola fría. Se quedó mirando el contrato tirado en el suelo, viendo cómo su matrimonio se desmoronaba ante sus ojos.
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