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Capítulo 3:
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Jeremy se elevaba por encima de todos los demás, su altura era imposible de ignorar. Había algo en él: una intensidad tranquila, refinada y poderosa. Incluso sin proponérselo, atraía todas las miradas.
Llevaba un elegante traje negro que denotaba un lujo discreto, con cada detalle impecable. Su rostro era perfecto: sorprendentemente guapo, pero distante.
Kayla contuvo el aliento. Verlo la dejó paralizada. Era demasiado llamativo. Demasiado sereno.
Cuando la mirada de Jeremy se posó en ella, su corazón dio un vuelco y bajó la vista instintivamente. Afortunadamente, él apartó la mirada y se alejó con su séquito, dando pasos pausados.
Liam finalmente logró aparcar el coche, aunque tuvo que encajarlo a la fuerza junto a un cubo de basura maloliente.
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—Kayla, ¿entramos? —preguntó, tendiéndole la mano.
Ella dio un paso atrás, con tono frío. —Me las arreglaré sola.
Él dudó, pero se contuvo. No valía la pena montar un escándalo allí. —De acuerdo —murmuró.
El banquete familiar transcurrió sin que Jeremy hiciera acto de presencia. Los hombros de Kayla se relajaron un poco. Si él hubiera estado allí, ella se habría derrumbado, incapaz de quedarse quieta.
Cuando se excusó para ir al baño, en realidad no entró. En lugar de eso, se escabulló al jardín, ansiando aire y distancia.
El salón principal bullía de conversaciones y música, pero allí fuera, el silencio la envolvía por todas partes.
Todo en esta finca apestaba a poder: riqueza tallada en senderos de mármol y fuentes susurrantes. No era de extrañar que Liam hubiera intentado con tanta desesperación volver a abrirse camino. ¿Quién no lo habría hecho?
Kayla dejó que sus pies la guiaran. Pronto se dio cuenta de que ya no sabía dónde estaba.
Al final, se topó con un estanque, donde de repente oyó un alboroto. Dos guardaespaldas estaban arrastrando a un hombre, metiéndole la cabeza bajo la superficie del agua.
Él gritaba presa del pánico, jurando que no sabía nada, con la voz quebrada por el miedo. Más guardaespaldas los rodeaban —al menos una docena, con sus uniformes negros como sombras—.
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