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Capítulo 174:
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En el momento en que Kayla reconoció el cuerpo sin vida de Lily, las rodillas le fallaron. Se quedó pálida como un fantasma.
«¡Lily!», gritó Kayla con un grito desgarrador y desesperado, mientras las lágrimas le corrían por las mejillas.
El cuerpo de Lily era una pesadilla: empapado en sangre, con la piel teñida de un azul antinatural y la ropa hecha jirones manchada de un carmesí intenso.
Kayla se abalanzó hacia delante presa del pánico, pero una enfermera la sujetó con manos firmes.
El olor metálico y penetrante de la sangre inundó sus sentidos, y se tambaleó hasta un pilar cercano, con arcadas incontrolables.
Jeremy se quedó a cierta distancia, en silencio, con los ojos ensombrecidos mientras se llevaban a Lily a toda prisa a la furgoneta que esperaba.
Sin decir palabra, se acercó y le ofreció a Kayla un pañuelo limpio, con un gesto cuidadoso y comedido.
Kayla lo ignoró, desplomándose en el suelo y acurrucándose sobre sí misma. Con los puños apretados contra las rodillas, los sollozos sacudían su cuerpo.
«Esto es culpa mía. Lily se ha ido por mi culpa. Debería haber sido yo».
Jeremy permaneció detrás de ella, en silencio e inmóvil, dejando que su dolor rompiera el silencio.
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Cuando Kayla finalmente logró recomponerse, la policía la escoltó a la comisaría para interrogarla.
El tono del agente estaba cargado de compasión. «Lily Lyons sufrió más de una docena de puñaladas antes de que la arrojaran del edificio. El edificio lleva años abandonado. Cayó sobre una cornisa, fuera de la vista. Nadie la encontró hasta que vinimos a buscarla».
Kayla palideció y le temblaban las manos. Miró con ira al agente, con la voz temblorosa de rabia.
«¿Quién lo hizo? ¿Quién la mató?».
El agente negó con la cabeza. «El asesino borró sus huellas. Aún no tenemos ningún sospechoso, pero no dejaremos de buscar».
Kayla apretó la mandíbula, con furia en la voz. «Alguien quería hacerme daño. Lily fue en mi lugar. ¡Murió por mí!».
El agente intentó suavizar el golpe. «Encontraremos a quienquiera que haya hecho esto. Se hará justicia».
Kayla salió de la comisaría al sol cegador de la tarde.
El mundo daba vueltas a su alrededor. Las rodillas le fallaron y se desplomó en el suelo, mientras su visión se desvanecía en la oscuridad.
Un momento después, Jeremy salió corriendo de un elegante sedán negro, corriendo hacia su figura desplomada.
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