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Capítulo 134:
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Afuera, Liam escudriñó el pasillo vacío, con el pecho agitado por la rabia. «¡Cobarde! ¿Tienes el valor de irrumpir y hacer fotos, pero no de enfrentarme? ¡Vuelve y inténtalo de nuevo!», rugió, con su voz resonando por el pasillo.
Las puertas del hotel se abrieron con un chirrido mientras los huéspedes, sobresaltados, asomaban la cabeza y murmuraban desconcertados ante el hombre semidesnudo que gritaba en el pasillo.
El peso de sus miradas hizo que a Liam le ardiera la cara de humillación. Se dio media vuelta y cerró la puerta de un portazo, apretando la mandíbula con frustración.
A un tramo de escaleras de distancia, Kayla se apoyó contra la pared, quitándose con frialdad la máscara. Giró la cámara entre sus manos, con una sonrisa afilada como el cristal y los ojos brillando de satisfacción.
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Entre dientes, murmuró con una voz tan firme como el hielo: «Liam, ¡cómo te atreves a profanar la tumba de mi madre! ¿Creías que iba a dejarlo pasar?».
De vuelta en la suite, cualquier rastro de intimidad había desaparecido, sustituido por una tensión asfixiante.
Tricia se enfundó el vestido, abrazándose a sí misma mientras se sentaba en el borde de la cama, con los ojos enrojecidos. «¿Crees que publicarán esas fotos? No me preocupa por mí, pero tú eres el director del Grupo Perennia. Si esto sale a la luz, podría destruirlo todo».
Liam, a medio abrocharse la camisa, se giró con una tormenta cerniéndose en sus ojos. «Si de verdad te importara mi carrera, no me habrías arrastrado a este lugar en primer lugar. Quienquiera que haya montado esto, claramente lo planeó para acorralarme».
Tricia le agarró del brazo, con la desesperación agudizando su voz. «¿Podría haber sido Kayla? ¿Y si está intentando reunir pruebas de tu aventura?».
Él se soltó con una gentileza fría. «Kayla sabe lo nuestro desde hace mucho tiempo. Si quisiera pillarme, no habría esperado hasta ahora».
Oírle defender a su futura exmujer destrozó lo que le quedaba de compostura a Tricia. «¿Ya te está dejando y tú sigues de su lado?».
«¿Así que debería confiar en ti en su lugar, es eso?». Liam le lanzó una mirada venenosa. «¿Te haces siquiera a la idea de lo que me va a costar este divorcio? ¿Vas a pagarlo tú por mí? »
A Tricia se le escapó una risa amarga y hueca. «Claro. Así que, en el fondo, sigues viéndome como inferior a ella».
Liam se alisó el cuello de la camisa y se ató la corbata con indiferencia ensayada. «No es el momento de hablar de eso. Tengo que averiguar quién ha montado todo esto. Vete a casa».
Salió a zancadas, dando un portazo tras de sí con un último y furioso estruendo.
Tricia, temblando de rabia, agarró una almohada y la lanzó contra la puerta. «¡Liam, eres un pringado! ¡A Kayla le importas un comino!».
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