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Capítulo 130:
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Unos instantes después, Kayla salió del edificio y se subió a un taxi que la esperaba. «Al Grupo Perennia, por favor».
A su llegada al Grupo Perennia, la secretaria le dio una noticia decepcionante: Liam no estaría en la oficina en todo el día.
Sentada en el despacho del director general, Kayla desprendía un frío inconfundible, con sus rasgos impecables en una expresión que no admitía tonterías. Esa presencia gélida hizo temblar a la nueva secretaria, que se mantenía cerca, con aspecto de preferir estar en cualquier otro sitio.
Al levantar la vista por fin, Kayla se dirigió a la joven. «¿Sabes por casualidad adónde ha ido?».
Un nervioso movimiento de cabeza fue todo lo que la secretaria pudo hacer. «El señor Graham no mencionó nada».
La curiosidad se asomó en los ojos de Kayla al contemplar la belleza de rostro fresco de la chica. Evidentemente, Liam no había perdido el tiempo: la salida de Tricia solo había abierto la puerta a otra contratada atractiva.
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Con una sonrisa cortés, Kayla se levantó y asintió tranquilizadoramente. « No te preocupes por eso. Sigue con tu trabajo».
Agradecida, la secretaria se hizo a un lado, respirando aliviada mientras Kayla pasaba a su lado.
Nada más cerrarse la puerta, el alivio inundó el rostro de la secretaria. Se llevó una mano al pecho y susurró: «Nadie me dijo que la mujer del jefe pudiera helar el ambiente. Casi me mata del susto».
Afuera, el taxi esperaba mientras Kayla hacía una llamada, con los labios curvados en una sonrisa fría y cómplice. «Tyrone, ¿te importaría decirme dónde se esconde Liam hoy?».
Como asistente de Liam, Tyrone Smith rara vez desconocía el paradero de su jefe.
«No estoy seguro de dónde está el señor Graham. ¿Por qué no intentas localizarlo tú misma?».
A Kayla se le escapó una suave risa. Su tono se mantuvo tranquilo, pero cada palabra tenía peso. «Seguro que recuerdas que ayudé a tu esposa a conseguir su trabajo. Ahora le va muy bien; de hecho, acaba de ascender. Imagina que por casualidad compartiera esos viejos problemas con los fondos con su nuevo jefe. ¿Qué crees que sería de ella?».
El pánico se apoderó inmediatamente de la voz de Tyrone. «Por favor, señora Graham, se lo ruego. Tenga piedad. Mi familia necesita esto. No nos arruine».
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