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Capítulo 12:
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«¡Jeremy! ¡Qué sorpresa! Pasaba por aquí y te he visto».
Jeremy no respondió. Simplemente se dio la vuelta y entró en uno de los salones privados sin decir palabra.
Kayla se quedó vacilante en la puerta. ¿Se suponía que debía entrar? Tras un segundo de incertidumbre, lo siguió.
Dentro de la sala, lo primero que vio fue al hombre de la camisa roja. «Amigo, ¿quién es esta belleza? No me digas que es tu nueva conquista». Dewitt Nicolson esbozó una sonrisa burlona, con un tono pícaro en la voz mientras lanzaba una mirada hacia Jeremy.
Jeremy no dijo nada, hundiéndose en el asiento del centro de la sala e ignorando la presencia de Kayla.
Dewitt siguió mirándola fijamente. Entrecerró ligeramente los ojos, como si algo hubiera encajado en su mente. «Espera un momento… Conozco esa cara. ¿Dónde la he visto antes?».
Al cabo de un instante, se dio una palmada en el muslo al dar con la respuesta. «¡Ya está! Te vi en algún banquete… eres la mujer de Liam. ¿Y qué te trae aquí con Jeremy esta noche?».
Se rió a carcajadas, pero Jeremy le lanzó una mirada fulminante que lo hizo callar de inmediato.
«Hola, soy Kayla», dijo Kayla, presentándose con tranquila compostura.
No le importaban las burlas ni las suposiciones. Este encuentro era demasiado importante. Necesitaba la ayuda de Jeremy si quería terminar las cosas de forma limpia con Liam.
«¿Te importa si me siento aquí?», preguntó, señalando un asiento cerca de Jeremy.
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—Vete —dijo Jeremy, con tono seco y frío.
Dewitt levantó las manos en señal de protesta fingida. —Ay, no seas tan despiadado. Es de la familia, ¿no? Déjala quedarse. No le hace daño a nadie.
Intentando mantener la compostura, Kayla se sentó, nerviosa, pero decidida.
Jeremy ni siquiera la miró, actuando como si ella no estuviera allí.
¿Pero Dewitt? Él la observaba de cerca, sonriendo para sus adentros. La situación estaba llena de ironía y entretenimiento. Jeremy nunca había ocultado su desdén por Liam, y ahora ahí estaba, en una habitación con la esposa de Liam.
Kayla estaba a punto de decir algo cuando Edwin entró en la habitación. Asintió levemente con la cabeza. «Sr. Graham, hemos encontrado información sobre la mujer de aquella noche».
A Kayla se le encogió el corazón.
Sus dedos se aferraron con fuerza al dobladillo de su vestido. De repente, la habitación le pareció demasiado pequeña, el aire demasiado pesado. Su instinto le gritaba que huyera.
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